Antropología de la danza azteca: las fuentes

Por: Karloz Miranda Yaoehecatl

María Sten

María Sten, Doctora en Letras por la UNAM, publicó en el año de 1990 un libro sobre la danza azteca, lo tituló: Ponte a bailar, tú que reinas. Antropología de la danza prehispánica. En ese tiempo en que prácticamente no había libros que nos hablasen mucho sobre la danza azteca, era –por supuesto, para los que nos gustaba aquella actividad–, menester obtenerlo (y devorar aquella información con hambre de conocimiento).  

El discurso dancístico

Algunas cosas que la investigadora académica escribió en ese libro se convirtieron en parte del discurso mexicanista o, mejor dicho, del discurso dancístico de los danzantes de aquel tiempo. Algunos, los más honestos, mencionaban que lo que decían lo habían leído del libro de María Sten; estos eran los menos. Otros, hacían propio lo escrito por Sten, lo incorporaban a su discurso personal y lo decían como si de ellos hubiesen salido todas esas ideas; estos eran lo más.  Con el tiempo me di cuenta que muchos danzantes convertidos en guías, maestros o jefes no citaban sus fuentes. Después vino otra generación de danzantes que sólo copiaron –de “oídas”– el discurso que escucharon.

Portada del libro

Voy ir presentando, en estos breves artículos, algunas de las principales ideas de la obra de la Doctora Sten, y al mismo tiempo realizaré algunos comentarios y reflexiones sobre lo que ella dice en su libro.

Espero que lo aquí escrito sirva de utilidad a las nuevas generaciones de danzantes y que ellos puedan identificar algunos de los elementos del discurso dancístico actual en la obra de la Doctora María Sten. Cabe mencionar que, así como se tomaron elementos del trabajo de Sten para construir el discurso dancístico –discurso que también se ha ido modificando en el tiempo– de la misma manera pasó con otros autores que en su momento mencionare.

Las nuevas generaciones de danzantes deberían conocer y saber cuales fueron los libros, los autores, los personajes, las figuras, las personalidades y los danzantes, cuyas ideas influenciaron en la construcción del actual discurso dancístico, con atinos y desatinos, con aciertos y con errores. Mucho de ese discurso dancístico se ha transformado en un discurso romántico y fanático al cual llamo yo: la falsa palabra. Pero ese es otro tema para otra ocasión.

Las fuentes de la danza

Por lo pronto, deseo mostrar algo del trabajo de Sten respecto a las fuentes de información sobre la danza. Al final, hago un comentario sobre ello.

“En los tiempos pasados, los antropólogos prestaban poca atención a la danza, lo que se explica tanto por la aceptación de la teoría de Darwin de que todos nuestros gestos son innatos y genéticamente heredados, y también porque los antropólogos mismos no estaban del todo familiarizados con las nociones espacio-ritmo-dinámica que son los elementos de la danza. Tampoco les despertaba interés la interpretación del cuerpo humano y de sus funciones como exponente de una ideología.

Para los primeros frailes que vinieron al Nuevo Mundo, y a lo largo de los próximos siglos, el cuerpo humano fue una fuente de vicios.

Más tarde, la danza (también la prehispánica) en las sociedades primitivas, fue interpretada como la expresión de creencias religiosas sin tomar en cuenta sus nexos con la sociedad, trabajo, poder, sexo, edad, etc., ni la estratificación social de los danzantes.

Hoy, los antropólogos ven la danza a la luz de todos estos elementos, y no niegan que en las sociedades primitivas formaba parte de los factores que determinaban la cohesión social.

Pero ¿es posible analizar las danzas prehispánicas basándose únicamente en las descripciones de los cronistas españoles o historiadores del siglo XVI? Creemos que a pesar de que estas descripciones no abundan en detalles que nos hubieran podido satisfacer, aportan, sin embargo, bastante material que, unido a otro tipo de la información –arquitectura, pintura, y ante todo el análisis socio-político de la sociedad azteca– permiten hacer por lo menos un intento de ver en las danzas algo más que su carácter religioso. Y si hablamos de la religión trataremos de buscar en las danzas el reflejo de la cosmovisión de los antiguos mexicanos y el reflejo de las relaciones hombre-dioses.”[1]

María Sten menciona que es posible analizar la danza del México antiguo apoyándose no sólo en las descripciones de los cronistas del siglo XVI –que por supuesto, todo aquel que se diga danzante debe de leer dichas fuentes escritas, que se vuelven primordiales para el conocimiento de la danza– sino también en otro tipo de fuentes como son la arquitectura. Y aquí incluiríamos los vestigios arqueológicos o centros ceremoniales. Cabe observar en ellos los edificios que fueron construidos para la enseñanza y la práctica de la danza, así como los espacios, a manera de plazas o “atrios”, que estaban destinados para ello. Pero también lo es la escultura, los tallados en estelas o bajorrelieves, es decir, todo hallazgo arqueológico vinculado con la danza (incluso aquello que pareciese que no) es fuente de información.

También menciona la pintura como fuente, en la que podemos incluir la pintura mural y también los libros pintados o códices (amoxtli) que, por supuesto, también son una fuente importante sobre el conocimiento de la danza, basta observar el Códice Durán, o el Códice Florentino, o el Códice Tovar para darse una idea clara de ello.

Códice Tovar

Sin embargo, en otra parte de su libro, Sten hace hincapié en la importancia de consultar solamente las fuentes escritas para el conocimiento de la danza y la sociedad que la expresa, mencionando incluso que el análisis de las danzas antiguas “tiene forzosamente que reposar en las descripciones que nos legó la historia”,[2] aunque con otra visión, en la búsqueda de otro sentido, contemplando más ampliamente el contexto social.

Bien, ¿y las otras fuentes dónde quedan entonces? Si bien es cierto que las descripciones o los documentos del siglo XVI son importantes y primordiales para acceder al conocimiento de la danza azteca, en realidad no lo son todo, ni son las únicas fuentes. Así que la búsqueda no tiene que ser “forzosamente” o únicamente en fuentes escritas como indica ella.

Una fuente viva

Me parece que la Doctora Sten pasó por alto una fuente de información invaluable para el conocimiento de la danza azteca –mexihca, chichimeca, anahuaca o prehispánica, llámele como usted guste–, y es la práctica actual de la danza azteca, sí, la danza que actualmente se ejecuta o realiza en muchas partes y lugares de México, y que se convierte en una fuente oral, testimonio vivo que conserva en sus formas de llevar a cabo la danza, de hacer la ceremonia dancística, de conducir las maneras del ritual, es decir, que conserva en su estructura, mucha información sobre la cosmovisión del México antiguo.

María Sten pasó por alto la observación de una tradición dancística que aún conserva mucho de las formas y maneras antiguas del quehacer dancístico, y que, por supuesto, es también una fuente de conocimiento, en este caso, viva, y reflejo de aquella antigua práctica. Y que también, de alguna manera –si ella lo hubiese concebido–, hubiese respondido a sus preguntas de investigación sobre la estructura social del México antiguo.

Ya en otro artículo[3] había mencionado la importancia de acercarnos a fuentes fidedignas y confiables para el conocimiento de la danza, entre ellas la tradición conchera. La danza azteca no tiene una sola fuente, tiene varías, y hay que buscarlas, acercarse y aprender de todas ellas lo más posible sobre esta antigua práctica de nuestros ancestros.

Jefe Gabriel Hernández Ramos de la Mesa del Señor del Sacromonte, Amecameca. Tradición Conchera.

Tradición dancística

Sólo deseo aclarar que, cuando menciono a una tradición dancística, me refiero a la vertiente de la danza azteca conocida como danza de tradición conchera, ya que ellos sí son una tradición, pues, al parecer –y todo indica que así ha sido– esta actividad dancística ha tenido una continuidad en el tiempo y ha conservado la danza y sus formas por 500 años.

En cuanto a la otra vertiente de la danza azteca conocida como mexicanidad –y que hoy muchos llaman “cultural”, término con el cual no estoy de acuerdo porque éste movimiento dancístico ya tenía, y tiene, su propio nombre desde un inicio y se llama Mexicayotl, además de que todo es cultural, incluidos los concheros–, que comenzó a conformarse a mediados de la década de los 80 del siglo pasado, de la cual surgieron los grupos de danza conocidos como calpulli, cabe observar que este movimiento dancístico no es una tradición en el sentido estricto de la palabra, pues apenas lleva cerca de 30 años, y en un marco histórico 30 años no es nada.

Muchos danzantes de esta vertiente dicen pertenecer a un “tradición” y se asumen dentro de una tradición, pero en realidad no lo son. Esta vertiente dancística aún continua en construcción. Aquí, lo irónico de este movimiento dancístico es que, en apenas 30 años, han transformado, cambiado, alterado, modificado, y hasta corrompido mucho de las formas y maneras antiguas de la danza, creando o inventando sus propias “formas y maneras” de hacer la danza. Así que, lejos de construir su propia “tradición” con elementos que conformen una continuidad en el tiempo, se alejan de ella con tantos cambios y transformaciones que realizan en la danza.

Tal vez por esta última razón, la Doctora María Sten decidió no incluir en su estudio la práctica actual de la danza azteca como una fuente de información. Es comprensible. Tal vez la vio como una fuente no confiable. Sin embargo, me parece que le faltó asesoría. Alguien debió haberle mostrado la diferencia entre ambas vertientes y acercarla a las formas más ortodoxas de la danza de tradición conchera; pues hubiese encontrado en ella respuesta a su búsqueda inicial que ella misma plantea: “…trataremos de buscar en las danzas el reflejo de la cosmovisión de los antiguos mexicanos…”. Ese reflejo lo hubiese encontrado en una fuente viva, ya que, si algo refleja precisamente la práctica actual de la danza azteca, es el reflejo de aquella antigua cosmovisión que tenían los mexicanos sobre: el universo, la existencia, el principio dual, la vida, la muerte, la gratitud, el merecimiento, el tiempo y el espacio… etc.

Diversidad de fuentes

Las fuentes para acceder al conocimiento de la danza azteca son varias, no es una sola. Hay personas que piensan que con sólo practicar la danza azteca es suficiente, y en realidad no lo es. Si tu eres un danzante que esta iniciando en el camino de la danza (o incluso si ya llevas tiempo), has de saber que existen varias fuentes para conocer las formas correctas de la danza, tanto para su ejecución y práctica como para sus formas ceremoniosas, ritualistas e incluso filosóficas, lo cual nos conduce a su antigua cosmovisión.

Las nuevas generaciones de danzantes han de comprender que tienen que acercarse a todas las fuentes posibles que nos den luz sobre el mundo antiguo de la danza. Los nuevos danzantes deberán tener el gusto por la lectura, quitarse de prejuicios establecidos, y leer a los clásicos (fuentes primarias: Sahagún, Durán, Motolinia, Acosta, etc.), así como las obras más recientes que traten sobre la danza (fuentes secundarias). Junto con ello, buscar en otras fuentes (arqueológicas, pictóricas, códices, antropológicas, lingüísticas, orales, dancísticas, etc.) para que, como piezas de un gran y enorme rompecabezas, reconstruir e ir conformando una idea más clara de lo que fue en realidad, histórica y culturalmente, la danza azteca. Y con ese conocimiento adquirido, incorporar aquellos elementos y formas descubiertos a nuestra práctica actual. Y, sirva de paso de una vez, dejar de andar inventando cosas ajenas a la antigua cosmovisión.

Fuentes escritas, primarias y secundarias.

[1] María Sten, Ponte a bailar tú que reinas. Antropología de la danza prehispánica, México, Editorial Joaquin Mortiz, 1990, p. 11

[2] Ibidem, p. 23

[3] “Si queremos hacer una recuperación o reconstrucción de nuestro pasado anahuaca, lo más cercano a una realidad histórica y cultural, nosotros, los que pertenecemos a la vertiente de la danza azteca conocida como Mexicayotl o mexicanidad, debemos acercarnos a fuentes fidedignas y confiables (que son muchas: escritas, orales, pictóricas, arqueológicas, históricas, antropológicas, etc.), entre ellas la Tradición Conchera y aprender de ellos las formas dancísticas tradicionales, las formas correctas de la ceremonia y del ritual, las formas correctas de la danza. Formas que ocultan un lenguaje simbólico, un lenguaje sobre la cosmovisión de nuestros antepasados anahuacas.”, en, Miranda Yaoehecatl K. (2019). Descubriendo el “hilo negro”, de “corazón”, en la danza azteca. Recuperado desde: http://apromeci.com

Post Author: Apromeci

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