Visita al Jardín Etnobotánico Xochipilli. Un paraíso del México antiguo.

Por: Karloz Miranda Yaoehecatl

A la manera de los antiguos jardines de la época prehispánica, con esculturas emblemáticas representativas de la antigua cosmovisión, con bajorrelieves excepcionales de códices del México antiguo, y con la presencia de varios temazcales para diversos usos, se encuentra uno de los jardines botánicos más singulares y hermosos de México.

Localizado en la sierra norte del Estado de Puebla, en el Municipio de Xicotepec de Juárez, se encuentra el Jardín Etnobotánico Xochipilli, un hermoso lugar que ha decir verdad, por la forma en que se encuentra construido y organizado, pareciera un verdadero paraíso, el paraíso de los antiguos mexicanos, el Tlalocan.

Jardines del México antiguo

Este hermoso lugar nos trae a la memoria los jardines del México antiguo que se mencionan en los manuscritos del siglo XVI, como fueron los jardines de Netzahualcoyotl en el cerro del Tetzcotzinco en Tetzcoco, o los jardines de Iztapalapa, de Oaxtepec, o los famosos jardines de Motecuhzoma Xocoyotzin en Chapultepec y Tenochtitlan. Y es que, estos antiguos jardines se encontraban conformados por esculturas, estelas, bajorrelieves, y en ellos se realizaban ceremonias ofrendando cantos y danzas.

Conocidos actualmente como “jardines prehispánicos” –aquellos antiguos espacios dedicados a exaltar la belleza de las flores y las propiedades curativas de las plantas–, no carecieron éstos en realidad de su aspecto religioso o ceremonioso. Y aunque si bien leemos en los textos antiguos –y en estudios actuales–, que los jardines tuvieron un carácter de “recreación”, no por eso perdieron su aspecto ritual, ceremonioso o espiritual. En realidad, los jardines del México antiguo no fueron “jardines” unicamente, sino auténticos centros ceremoniales, espacios de culto, espacios sagrados, por todos los elementos simbólicos con los que se encontraban constituidos y rodeados.

Chapultepec no era sólo un lugar de diversión de los reyes mexicas, sino también un espacio sagrado, donde vivían los dioses protectores del agua y de la naturaleza Tlaloc y Chalchiuhtlicue, que tenían sus templos o “cues” excavados en la roca.[1]

Antigua clasificación de Jardines

Y antes de pasar de lleno al Jardín Etnobotánico Xochipilli, cabe mencionar que en el México antiguo existieron tres tipos de clasificación de los “jardines”, estos fueron: Xoxochitla, “lugar de flores”, el nombre lo dice todo. Algunos estudiosos del tema piensan que este era el nombre utilizado para referirse a los “jardines” de forma general. Xochitepanyo, “flores amuralladas”, un lugar de flores pero rodeado de muros, es decir, privado. Y, Xochichinancalli, “casa de varas de flores”, una cerca de flores hecha con carrizos, al parecer era el nombre que se le daba a los jardines de las clases humildes o macehuales, quienes también tenían sus propios “jardines”.[2]

Sólo hay que decir que, pese a esta clasificación, los jardines antiguos no perdieron su carácter religioso o ceremonial por muy “lúdicos”, “recreativos” o “aristocráticos” que hayan sido, porque la religiosidad o la ceremoniosidad de los antiguos mexicanos estaba impregnada en todas sus actividades y en todos los ámbitos de su vida y sociedad.

Un espacio para la meditación y reflexión

El Jardín Etnobotánico Xochipilli ademas de ser un lugar dedicado a la conservación y el estudio de las plantas medicinales, dado el carácter místico y mágico que le ha sido impregnado por todos los elementos del México antiguo que le rodean, se convierte también en un espacio para la meditación, la reflexión y el retiro espiritual.

Así lo vivió un grupo de personas que visitaron el Jardin y permanecieron en él todo un fin de semana realizando varias actividades.

Recorrido y explicación

El sábado por la mañana, después de establecer su campamento, realizaron un recorrido para conocer algunas de las plantas más significativas del lugar, explicándoles sus usos y propiedades medicinales. También se les dio, a manera de visita guiada de museo, una explicación de las esculturas y bajorrelieves que ahí se encuentran.

Los molotes, platillo regional.

Después del recorrido y la explicación llegó la hora de la comida. Un bello comedor, con vista panorámica y balcón a la zona boscosa del Jardín, les recibió para degustar el platillo típico de la región, los famosos molotes.

Son unas pequeñas bolas de masa rellenas de pollo deshebrado, bañadas en una deliciosa salsa verde con lechuga y queso rayado. La salsa que ahí preparan es la especialidad de la casa, ya sea para los molotes, las enchiladas o los chilaquiles que también ofrecen.

Temazcal

Después de la comida se hizo otro recorrido por el Jardín y por los bajorrelieves del Códice Borgia, para posteriormente prepararse para el momento de entrar al Temazcal. La zona de temazcales, es un lugar donde se encuentran cuatro temazcales con funciones diferentes. Ahí, un bello temazcal con bajorrelieves de la cultura maya les dio la bienvenida para llevarlos al interior, al vientre, de la madre tierra, y dar comienzo al trabajo interior, espiritual, de fortalecimiento del espíritu, de la voluntad y el carácter, a través del canto y la Palabra; y por supuesto, del vapor y del calor emanado del agua quemada (atlachinolli) al contacto con el fuego interno de las piedritas o abuelitas.

Meditación

Después del temazcal vino la sesión de meditación. Cabe mencionar que la práctica de la meditación existió en el México antiguo, evidencias arqueológicas lo demuestran, sólo que con la llegada de los españoles en el siglo XVI muchas de las prácticas antiguas se perdieron o desaparecieron. Dos maestras, especializadas en el tema, guiaron la meditación de todo el grupo.

Ceremonia para recibir al Sol

Al día siguiente, muy temprano por la mañana, y antes de que saliera el sol, el grupo de personas se dispuso para realizar una ceremonia de recibimiento del astro solar, tal y como lo hacían los antiguos mexicanos. Con cantos, danzas y humo de copal recibieron a Cuauhtlehuani (el águila que asciende), a Xiuhpiltontli (el niñito precioso), Iztacuauhtli (águila blanca), a Tonatiuh (el que hace el día, la luz), o como le decían también los antiguos mexicanos, a Totahtzin Tonatiuh, el padre Sol.   

Después de recibir al sol, el grupo pasó nuevamente al comedor con balcón para el desayuno con frutas, verduras y jugos naturales.

Recorrido en la zona de árboles

Se realizo nuevamente otro recorrido, ya que el Jardín Etnobotánico es muy grande, conociendo ahora la zona de árboles. En ella conocieron uno de los árboles sagrados de los mayas, una ceiba[3] que se adaptó muy bien al clima de Xicotepec, y que varias personas no perdieron la oportunidad de abrazar, tal y como lo indica la tradición.

Danza Azteca

Posteriormente, junto a la replica de un antiguo Teocalli, se llevó a cabo la ceremonia de danza azteca. Con el retumbar del huehuetl (tambor), el sonido de los caracoles, y el ofrecimiento del humo de copal, se pidió permiso a los cuatro rumbos del universo en lengua nahuatl, y dio comienzo la ofrenda dancística. La danza, para los antiguos mexicanos, fue un vínculo entre el mundo de los humanos y el espacio de lo sagrado. Energía puesta en movimiento, o mejor dicho, Tonalis puestos en movimiento, la danza también fue una forma de agradecer por la existencia al Dador de la Vida, a la Energía Creadora.

Nueva meditación

Después de la ceremonia de danza vino nuevamente otra práctica de meditación. La meditación guiada fue diferente a la de la noche anterior. Con ejercicios de respiración las personas fueron conducidas a diversos estados de conciencia, experimentando cada una de ellas diversas reacciones físicas, emocionales o espirituales.

Un lugar para conocer

Llegó finalmente la última comida del día, en la que los molotes volvieron a aparecer junto con otras opciones de alimentos, todas muy deliciosas.

Sin duda, el Jardín Etnobotánico Xochipilli es un lugar paradisiaco que puede funcionar perfectamente para realizar alli retiros espirituales, momentos de reflexión, introspección, y cargarse energéticamente, como el que llevó a cabo el grupo de personas que pasaron ese fin de semana en él.

Si a usted le gustaría visitar este lugar, póngase en contacto con la página de Facebook de Yaoehecatl Cultura y Danza Azteca, en la que se estarán publicando las fechas de los próximos retiros.

No dude en visitarlo, en realidad el lugar es muy hermoso y vale la pena conocerlo.


[1] José Miguel Morales Folguera, “Jardines prehispánicos de México en las crónicas de Indias”, AEA, LXXVII, 2004, 308, pp. 351, Universidad de Málaga, España, http://archivoespañoldearte.revistas.csic.es, Mar-2018

[2] William Cetzal-Ix y Eliana Noguera-Savelli, “Jardines prehispánicos de México”, Herbario CICY, Centro de Investigación Científica de Yucatán, A.C., Noviembre, 2014, p. 109, http://www.cicy.mx/sitios/desde_herbario, Mar-2019

[3] “La ceiba es uno de los árboles más altos de América Tropical, puede medir hasta 50 metros de altura. Su tronco y follaje pueden cubrir hasta 1,600 metros cuadrados de superficie. Los mayas lo consideraban como un árbol sagrado, pues unía el mundo subterráneo de Xibalbá con el mundo de los vivos y situaba una en cada uno de los cuatro puntos cósmicos. Lo llamaban el árbol de la vida y la fecundidad, en códices mayas, la ceiba aparece con un papel fundamental como estructura del universo, axis-mundi o eje del mundo. Los mayas creían que las aves sagradas que se posaban sobre cada una de las ceibas sostenían el universo.” https://blog.xcaret.com/es/5-arboles-sagrados-para-los-mayas/ Sep-2019.

Post Author: Apromeci

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