13 de Agosto: El Nahualtezcatl y las Palabras de Cuauhtemoc

Por: Karloz Miranda Yaoehecatl

El Nahualtezcatl o Espejo del Nahual fue un objeto sagrado que permitía conocer el destino. Un oráculo hecho de obsidiana, artilugio mágico que se encontraba en el templo de Huitzilopochtli, en la cúspide del Templo Mayor de Tenochtitlan. Oráculo al que sólo podían acceder los antiguos Tlahtoanis, Tlahtoque y Tlamacazqueh (Gobernantes, Señores de alto rango, y Sacerdotes).

13 de Agosto de 1521

El 13 de Agosto de 1521 se libró la última batalla entre mexicas y españoles. Después de casi tres meses en que la antigua Tenochtitlan fue sitiada por los españoles y sus aliados indígenas, cortándole todos los suministros de agua y abastecimientos, y después de haber sido bombardeada por los cañones colocados en los bergantines, pequeños barcos, que Hernán Cortés mando construir para atacar Tenochtitlan, los españoles por fin pudieron entrar al corazón del lugar donde había nacido el Tenochtli, el tunal de piedra en el que el aguíla real habia extendido sus alas.

Cuauhtemoc encabezaba la resistencia, junto con él se encontraban otros Tlahtoanis y Tlacochcalcatl o capitanes de guerra. Entre ellos estaban el Tlahtoani de Tlacopan (Tacuba) Tetlepanquetzaliztli –a quien también quemarían sus pies los españoles–, se encontraba tambén Cuanacohtzin, el Tlahtoani de Tetzcoco, quien tuvo que susbstituir de inmediato al Tlahtoani anterior, el gran Cacamatzin, quien fue asesinado por los españoles junto con otros Tlahtoque (grandes Señores) en el palacio de Axayacatl, aquella “noche triste” y lluviosa en que Hernán Cortés con sus soldados tuvo que abandonar Tenochtitlan.

Mexihco-Tenochtitlan resistió lo más que pudo. Varios intentos de incursión por parte de sus enemigos fueron bien repelidos por los mexicas y sus aliados. Cuauhtemoc, hombre joven y valiente hizo lo que cualquier hombre digno tenía que hacer, defender su madre tierra, la madre tierra que lo vio nacer, defenderla del enemigo invasor que llegó a destruirla. Tenochtitlan resistió lo más que pudo… hasta ese día del 13 de Agosto de 1521.

El Espejo del Nahual

Un documento del siglo XVI que trata sobre un proceso judicial sobre uno de los antiguos señores de la región de Culhuacan –actualmente perteneciente a Iztapalapa– hace mención sobre las declaraciones de este hombre que fue testigo presencial de aquella batalla úlitma en que se enfrentaron los mexicas contra los españoles.[1] Es por este documento antiguo que, en términos generales, conocemos la siguiente historia:

Muerto ya Motecuhzoma Xocoyotzin, los españoles ganaron la Ciudad de México, la antigua y gloriosa Tenochtitlan. Durante la batalla, dramática y sangrienta, en el patio de la Huey Teocalli, el Templo Mayor, Tetlepanquetzaliztli, señor de Tlacopan (Tacuba), Cuanacochtzin, señor de Tetzcoco, Ocuitzin, señor de Azcapotzalco, el señor de Culhuacan (llamado posteriormente “Don Pablo” en la época colonial), y Cuauhtemoctzin, señor de México, subieron las escalinatas del Templo Mayor rumbo al recinto sagrado de Huitzilopochtli en donde se encontraba depositado el Nahualtezcatl (El espejo del Nahual) y consultarlo para poder conocer el resultado final de la contienda contra los españoles.

Cuauhtemoctzin no pudo llegar a la cúspide, la sangre que había perdido en la batalla debilitó su cuerpo y tuvo que apoyarse en las escalinatas a punto del desmayo. Desde esa altura pudo contemplar con visión borrosa como sus guerreros, los mexicas, continuaban peleando contra los españoles en el patio del templo.

Tetlepanquetzaliztli fue el primero en llegar a la cúspide, entró apresurado al recinto de Huitzilopochtli y tomó entre sus manos, con desesperación, aquel espejo grande de obsidiana totalmente  reluciente. El señor de Tacuba preguntó al espejo del nahual cuál sería el resultado de la contienda. Entonces, el espejo de obsidiana perdió su brillo, se opacó, se obscureció aún más, y sólo quedó una pequeña parte brillosa en el centro. El nahualtezcatl dio su respuesta,  una imagen borrosa se fue esclareciendo poco a poco en la que se veían apenas unos cuantos macehuales deambulando por una Tenochtitlan desolada… Sólo unos pocos sobre una ciudad en penumbras… En esa pequeña y breve proyección del destino sólo se veían macehuales, no se veían, no aparecían, no se mostraban los Tlahtoque, Piltin, Tlacochcalcatl, Tlahtoanis

Justo, en ese momento, entraban al recinto los demás señores de Azcapotzalco, de Tetzcoco,  de Culhuacan, y vieron a Tetlepanquetzaliztli de rodillas en el piso sosteniendo el nahualtezcatl… Al acercarse, observaron, junto con el señor de Tacuba, el destino que deparaba a la gran Tenochtitlan. Tetlepanquetzaliztli, sin poder creer lo que observaba, llorando, descifró el augurio. Volteando la mirada a los otros señores del Anahuac, dijo: “Digamos al Señor Cuauhtemoctzin que se baje, pues hemos de perder México”.

Cuando Cuauhtemoctzin conoció el desenlace de la batalla que se libraba al pie del Templo Mayor, su corazón se oprimió, se entristeció. Por un momento, su sol se obscureció… En su ágil mente guerrera buscó una salida, una esperanza, una solución… algo tenía que existir… sus ojos se entrecerraron, su mirada se volvió firme y penetrante, y volteando la mirada hacia el norte de la ciudad dijo a los otros señores-guerreros: ¡Tlatelolco! ¡Defendamos Tlatelolco!

Tlatelolco, el último bastión mexica, representaba la esperanza buscada por el joven Tlahtoani y guerrero Cuauhtemoc. Esa pequeña ciudad representaba la continuidad histórica de la cultura mexihca y sus aliados, incluso, sin saberlo, de todo el Anahuac. La guerra que había iniciado en Tenochtitlan se trasladó a su ciudad gemela: Tlatelolco. Ahí se libró la última batalla.

Las Palabras de Cuauhtemoc

Los mexicas lucharon con todo, hicieron hasta lo imposible por impedir que Tlatelolco también fuera tomada por los españoles y sus aliados indígenas. Al final, la ciudad fue tomada y Cuauhtemoc junto con otros Tlahtoque fueron apresados. Después de ser capturado, dice al soldado español apellidado Holguin, “llévame luego ante Malinche”, es decir, ante Hernán Cortés.

 “Cuauhtemoc es el superior responsable de lo que de él depende aun en ese desgraciado momento y como tal pide lo lleven ante el superior del contrario pues no se entiende con subordinados. La idea de la jerarquía es muy importante…”[2]

Cortés pide a Cuauhtemoc que le diga a los suyos que dejen de pelear. Cerca de sesenta mil hombres que de ellos habían quedado, de los trescientos mil que eran, obedeciendo la orden del valeroso Tlahtoani, dejaron las armas.[3]

Quedan para la historía aquellas palabras que Cuauhtemoc dirigiera a Hernán Cortés, según la versión del soldado Bernal Díaz del Castillo, cuya obra escribiera de experiencias propias y testimonios inmediatos:

 “Señor Malinche, ya he hecho lo que soy obligado en defensa de mi ciudad y vasallos, y no puedo más, y pues vengo por fuerza y preso ante tu persona y poder, toma luego ese puñal que tienes en la cinta y mátame con él”

En este texto de Bernal Diaz del Castillo resalta, además del tono dramático de la escena, “su relieve político cuando Cuauhtemoc habla de su ciudad y vasallos y del abatimiento de su persona que viene presa y por la fuerza ante el poder del vencedor.”[4] Y al pedirle al español que tome su puñal y lo mate, pareciera que quisiera morir por no haber podido hacer más, pareciera que quisiera morir por frustración, por tristeza. Nada más alejado de esa realidad.

El fraile dominico, Fray Diego Durán, quien también hace su propio trabajo de investigación y recopilación de “información lograda en la ciudad de México”,[5] nos presenta una manera diferente de ver esa escena. Aquí, Cuauhtemoc no se dirige a Hernán Cortés, sino a su interprete, probablemente la mujer que sirvió para ese propósito: Malinche.

“Decidle al Capitán que yo he hecho lo que era obligado por defender mi ciudad y reino, como él hiciera en el suyo si yo lo quisiera quitar, pues no pude y me tiene en su poder, que tome ese puñal y me mate; y extendiendo la mano sacó al marqués un puñal que en la cinta tenía y se lo puso en la mano…”

Cuauhtemoc dice que defendió su ciudad y reino del mismo modo como si Hernán Cortés hubiera querido defender el suyo “si yo se lo quisiera quitar”. Ha obrado como un gran señor que defiende lo que le es propio. Sin embargo, continua quedando la idea, también en el texto de Durán, de que Cuauhtemoc quiere que lo maten solamente porque no pudo defender su reino.

Monarquia Indiana es una monumental obra del franciscano Fray Juan de Torquemada, quien escribe su compendio muchos años después, hacia el año de 1615 aproximadamente. Este texto del franciscano ha sido considerado como una “obra monumental y superior en disposición, estilo y orden a las anteriores…”. Respecto al tema que nos ocupa, “Torquemada no reproduce el diálogo, prefiere describirlo como historiador al que no consta la exactitud de las palabras, y al hacerlo incorpora elementos que el religioso debe destacar como parte de la historia.”[6]

“[…] dijo el rey muy reportado que había hecho cuanto había podido por defender a sí y  a los suyos; y que si los dioses le habían sido contrarios, que no tenía la culpa, que su prisionero era, que hiciese su voluntad; y poniendo la mano en el puñal de Cortés le dijo que le matase, que iría muy consolado donde sus dioses estaban, especialmente muerto a manos de tal capitán”

En este texto Torquemada nos presenta, justo, la razón principal por la que Cuauhtemoc le esta pidiendo a Cortés que lo mate: que iría muy consolado donde sus dioses estaban. Esta razón, suficiente para el Tlahtoani mexica, tiene que ver con la cosmovisión de los antiguos mexicanos. Con su sistema de creencias y conceptos que sobre la vida y la muerte tenían.

Cosmovisión antigua: La Casa del Sol

Y es que para los antiguos mexicanos la muerte en realidad no existe, en realidad nadie muere, sólo despiertan. La “muerte” del cuerpo físico sólo es el inicio de un camino a otros espacios a donde irán los “muertos”. Al Mictlan irán los que mueran de muerte natural. Algunos, los que su muerte este relacionada con el agua, tendrán la dicha de ir al Tlalocan, una especie de paraíso. Otros, irán al gran árbol de cuyas ramas brota leche para posteriormente encarnarse de nuevo. Pero sólo los más afortunados tendrán el gran privilegio, la gran dicha, el gran honor, de ir a la Casa del Sol, al Tonatiuichan, al Tonalcalco.

El Tonatiuichan, Su hogar del Sol, era un lugar exclusivo sólo para aquellas personas que habían muerto en combate, que habían muerto luchando, para aquellos que habían muerto en el campo de batalla. Era el lugar destinado para los guerreros; para los que morían en manos del enemigo.

Y así como los mexicas hacían con sus cautivos de guerra –desde la perspectiva de su cosmovisión–, otorgándoles una muerte honrosa en manos de sus enemigos, privilegiándolos al quitarles la vida para ir a habitar en la Casa del Sol, del mismo modo Cuauhtemoc, un guerrero joven, pedía al enemigo que le privara de la vida, porque esto garantizaba su entrada al Tonatiuichan, al Tonalcalco.

Pueden imaginar el drama de Cuauhtemoc cuando se dio cuenta que Hernán Cortés no cumplió su petición. Sin saberlo, lo peor que pudo haber hecho Cortés con Cuauhtemoc fue dejarlo vivo. Cuauhtemoc no iría al lugar donde se encontraban todos sus antepasados guerreros, todos aquellos que habían muerto peleando. No conocería la Casa del Sol, no vería a los antiguos señores del Anahuac que dieron fama y gloria a la Gran Tenochtitlan.

Invitación a la conmemoración del 13 de Agosto

El próximo lunes 12 de Agosto en la entrada del Templo Mayor –donde desembóca la calle de Guatemala-, el grupo de Danza Azteca Ollin Ayacaxtli de la Mesa del Santo Niño de Atocha, fiel a su tradición, llevará a cabo una ceremonia para conmemorar –no celebrar– este hecho histórico que marcó el porvenir de los antiguos mexicanos y que dio inicio a la gestación de un nuevo México. La conmemoración comenzará en la noche con el ritual nocturno, la Velación, que dará inicio alrededor de las 11:00 p.m., para continuar al día siguiente, martes 13 de Agosto, con la Danza, en el mismo lugar, alrededor de las 11:00 a.m.

El Grupo de Danza Azteca Ollin Ayacaxtli de la Mesa del Santo Niño de Atocha, del Zócalo, hace una cordial invitación a todos los mexicanos, grupos de danza azteca, y seguidores del movimiento de la Mexicayotl para que se unan en esta conmemoración.

Cabe mencionar que esta conmemoración del 13 de Agosto y el homenaje a Cuauhtemoc –así como a Cuitlahuac y a otras figuras distinguidas del México antiguo–, la inicio en su época el Jefe de Tradición Conchera, General Andrés Segura Granados, por aquel lejano año de 1982.[7]

Representantes y grupos que pertenecen a la organización Tenochtitlan Vive, se darán cita en este lugar para, todos juntos, rendir homenaje a los antiguos mexicanos que lucharon por defender nuestra amada tierra del Anahuac. Por supuesto, el nombre de Cuauhtemoctzin en lo más alto.


[1] Fuente: AGN . Ramo Inquisición, “Proceso contra el señor de Culhuacan”

[2] Andres Lira, “Las palabras de Cuauhtémoc en la historiografía de los siglos XVI a XIX”, Relaciones. Estudios de Historia y Sociedad, No. 47, Vol. XII, El Colegio de Michoacan, 1991, pp. 61-84

[3] Ibidem, p. 70

[4] Ibidem, p. 66

[5] Ibidem, p.67

[6] Ibidem, p.71

[7] Información proporcionada por Antonio Cruz Tlacuilo, danzante de Tradición Conchera.

Post Author: Apromeci

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