La Xochipila, un antiguo centro ceremonial. 4ª Parte.

Por: Karloz Miranda Yaoehecatl

La Xochipila ¿Jardín botánico?

Se ha llegado a mencionar que La Xochipila fue en la antigüedad un “jardín botánico”. Lo primero que hay que aclarar es que la expresión jardín botánico tal cual la entendemos ahora y conocemos, como un espacio dedicado exclusivamente al cultivo de plantas medicinales, no existió precisamente así en la época del México antiguo.

Los antiguos jardines “botánicos”, como se les ha llamado en algunas partes, no fueron creados específica y únicamente para cultivar y estudiar las propiedades de las plantas, y conocer y aplicar sus beneficios curativos y médicos en el cuerpo humano, tal y como se realiza actualmente en los llamados jardines botánicos. Estos antiguos “jardines” estaban compuestos de más elementos significativos, materiales y simbólicos, importantes para las culturas del México antiguo. Tal vez lo más apropiado sería llamarles solamente: Jardines prehispánicos o Jardines del México antiguo, aunque, en realidad, no siempre fueron únicamente “jardines”.

Cohesión religiosa de las sociedades antiguas

Y es que toda actividad humana en el México antiguo (política, económica, cultural), se encontraba enmarcada o influenciada por el aspecto religioso, incluso la guerra. No hay que olvidar esto, tan importante para el pensamiento indígena antiguo. Todo lo que el hombre hacia se encontraba permeado, influido, por la religiosidad, la ceremoniosidad. Este punto es fundamental en la cosmovisión del México antiguo.

Actualmente, nuestra sociedad a dividido lo político de lo religioso. Se habla de áreas de conocimiento separadas, o como luego se les dice: la esfera de lo económico, de lo social, de lo político, de lo cultural, de lo religioso, etc. Todas estas esferas se encuentran separadas actualmente. Pero en el México antiguo no funcionaban así las cosas, era otra cultura, otra forma de ver y entender la vida. Y su vida, según ellos la entendían, se encontraba regida por una serie de Fuerzas o Energías (divinidades) que conformaban su Tonali (destino). Así que toda actividad humana se encontraba regida por estas Fuerzas, toda actividad se encontraba influenciada por el contexto religioso.

Así, los antiguos “jardines” no van a carecer del contexto religioso. Y aunque si bien leemos en los textos antiguos que los jardines tuvieron un carácter de “recreación”, no por eso perdieron su aspecto ritual o ceremonioso. En algunos casos, en realidad, los jardines no fueron “jardines”, sino auténticos centros ceremoniales, espacios de culto, espacios sagrados.

Chapultepec no era sólo un lugar de diversión de los reyes mexicas, sino también un espacio sagrado, donde vivían los dioses protectores del agua y de la naturaleza Tlaloc y Chalchiuhtlicue, que tenían sus templos o “cues” excavados en la roca.[1]

Entrada al Cincalco. Vestigios arqueológicos en Chapultepec.
Foto tomada de: mxcity.mx

Lo segundo que hay que decir, es que, de los jardines antiguos, de los cuales encontramos referencias y descripciones en las fuentes sobre el estudio del México antiguo, no se encuentra ninguna mención sobre un “jardín” llamado La Xochipila o que se encontrara en esa región.

En las fuentes escritas se menciona mucho a los jardines antiguos de Chapultepec, de Tetzcoco, de Iztapalapa, de Oaxtepec, incluso jardines no tan conocidos como los de Huaquechula y Atlixco, pero sobre un jardín ­–y mucho menos “botánico”– en La Xochipila, no encontramos ninguna referencia.

Clasificación de “jardines” antiguos

Foto tomada del sitio: www.jardinesjusto.com

Hay que mencionar que los estudiosos de los jardines antiguos han creado cierta clasificación o categorías para ordenarlos por el tipo de uso que tenían, a saber: jardines de recreación, jardines míticos, jardines lúdicos, jardines reales y aristocráticos, jardines botánicos, jardines religiosos, bosques, bosques vallados, huertas, chinampas, etc., creando en ocasiones más confusión que claridad.[2]

Al parecer, la cultura mexica no tenían tantas categorías para clasificar sus “jardines”. Se sabe, por lo menos, de tres tipos de clasificación nada más: Xoxochitla, “lugar de flores”, el nombre lo dice todo. Algunos estudiosos del tema piensan que este era el nombre utilizado para referirse a los “jardines” en general. Xochitepanyo, “flores amuralladas”, un lugar de flores pero rodeado de muros, es decir, privado. Y, Xochichinancalli, “casa de varas de flores”, una cerca de flores hecha con carrizos, al parecer era el nombre que se le daba a los jardines de las clases humildes o macehuales, quienes también tenían sus propios jardines.[3]

Foto tomada del sitio: www.arboleda.mx

Retomando el punto anterior de la clasificación moderna, sólo hay que decir que, pese a todas estas categorías creadas, los jardines antiguos no van a perder su carácter religioso o ceremonial, por muy “lúdicos”, “recreativos” o “aristocráticos” que hayan sido, porque, como hemos dicho anteriormente, la religiosidad o la ceremoniosidad estaba impregnada en todas las actividades y ámbitos de las sociedades del México antiguo.

Como jardines de “recreación, lúdicos, reales y aristocráticos” son considerados los que creó Motecuhzoma ilhuicamina en los palacios reales de Tenochtitlan así como los del famoso bosque de Chapultepec. Cuitlahuac tendría un jardín de este tipo en Iztapalapa, así como el señor, o Tlahtoani, de Oaxtepec. Se menciona que este tipo de jardin era:

…exclusivo de la monarquia y de la aristocracia. Se trataba de un signo de prestigio exterior de la grandeza y poderío de sus dueños y propietarios, templos, reyes, gobernantes… Los principales constructores de estos jardines estaban ligados a la familia real azteca… El jardín era un signo de la dignidad y grandeza de las clases altas y tenía una finalidad principalmente lúdica, con objeto de gozar del colorido de las flores y del aroma de las plantas y árboles olorosos.[4]

De “jardín botánico” a Centro Ceremonial

Cerro del Tetzcotzinco, en Tetzcoco, Edo. Mex.

El cerro del Tetzcotzinco que se encuentra en Tetzcoco ha sido considerado como un “jardín recreativo” o “jardín botánico” por varias personas estudiosas del tema. Sin embargo, la realidad histórica y cultural demuestra que este lugar fue más que un “jardín”. Si bien es cierto que el espacio estaba consagrado a una gran cantidad y variedad de plantas medicinales y de ornato, también es cierto que ese lugar estaba consagrado a importantes divinidades del México antiguo, y a diferentes tipos de ceremonias y rituales. El cerro del Tetzcotzinco no fue solamente un jardín, fue mucho más que eso, fue un centro ceremonial, un espacio sagrado, en toda la extensión de la palabra.

Ahora se sabe, gracias a los estudios historiográficos, que los escritores indígenas del siglo XVI o XVII no hacen mención de las características religiosas o ceremoniosas que tenía este antiguo centro ceremonial del Tetzcotzinco para evitar una mayor destrucción de este espacio por parte de los españoles. Como es sabido, todo aquello que los religiosos españoles consideraban que estaba relacionado con la idolatría de los antiguos mexicanos, era destruido. Así que, para evitar esta destrucción, los escritores indígenas de la época sólo se centraron en mencionar las características referentes a la flora o fauna del sitio. En exaltar la belleza del lugar proporcionada por la gran cantidad de flores. En resaltar las propiedades curativas de ciertas plantas, en destacar sus usos. Mucho de estas descripciones, solamente a manera de estrategia, fue para desviar la mirada del inquisidor hispano y salvaguardar estos antiguos lugares de culto.

Es interesante observar cómo los cronistas del área tezcocano presentan actitudes ambigüas frente a la religión prehispánica… Es el caso de la descripción de los jardines y parques del Tetzcutzinco… de la Historia de la Nación Chichimeca de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl. En su larga, detallada y muy a menudo precisa descripción de los edificios construidos en este cerro por los reyes de Tezcoco, este cronista logra callar la presencia de templos, dioses y bajorrelieves de índole religiosa. Así, transforma un lugar sagrado en un jardín que compite con los occidentales por su prestigio real, pero cuidadosamente vaciado de cualquier contenido idólatra.[5]

Escalinatas y uno de los “baños” del Tetzcotzinco tallados en roca.

Gracias a los trabajos arqueológicos en la zona, hoy sabemos que el Tetzcotzinco fue un lugar dedicado a divinidades del México antiguo como Xilonen o Chicomecoatl y Tlaloc. Sin embargo, el centro ceremonial del Tetzcotzinco se describe en la obra de Fernando de Alva Ixtlixochitl solamente como un jardín o un gran parque, y menciona flores, fuentes, árboles y esculturas “que conforman un parque de esparcimiento”.[6]

La descripción de Ixtlilxochitl se enfoca en la belleza natural del lugar, en las fuentes, en el aroma de las flores, en la diversidad de árboles, en los acueductos (sistema hidráulico), la parte arquitectónica como los baños y las escalinatas y algunas esculturas. “Pero conviene observar que en ningún momento esa descripción incluye cualquier detalle de índole religiosa, como si callara el autor esos elementos. Sin embargo, están presentes, como la arqueología lo confirma”.[7]

Y así como el antiguo centro ceremonial de Tetzcoco, el Tetzcotzinco, fue reducido simplemente a un “jardín botánico”, es posible que lo mismo haya sucedido con muchos otros antiguos centros ceremoniales. Y que, probablemente, aquellos lugares que únicamente consideramos como “jardines prehispánicos” hayan sido en realidad centros ceremoniales, espacios sagrados donde existieron construcciones, templos, tallados en roca, esculturas, algún tipo de traza o delineamientos, cierta arquitectura, etc. Es decir, espacios mucho más grandes y complejos.

La Xochipila, antiguo lugar dedicado a Xochipilli.

Tal puede ser el caso de La Xochipila, donde todo parece indicar que el lugar estaba consagrado a Xochipilli, divinidad antigua, y tenía sus propios templos antiguos (teocallis), los cuales fueron destruidos para edificar sobre ellos el convento y demás construcciones católicas. Es decir, La Xochipila, más que un “jardín botánico”, debió haber sido un enorme y complejo centro ceremonial.

En general, tal vez los únicos jardines que pudieran ser considerados como tales, eran los de carácter privado, los Xochitepanyo o los Xochichinancalli, es decir, los que estaban amurallados, o los que se encontraban en los palacios de los grandes señores. Todos los demás, incluso el de Chapultepec, habrían sido lugares, espacios sagrados, dedicados a las divinidades del México antiguo, habrían sido recintos o centros ceremoniales.

Continua en la 5ª Parte…


[1] José Miguel Morales Folguera, “Jardines prehispánicos de México en las crónica de Indias”, AEA, LXXVII, 2004, 308, pp. 351, Universidad de Málaga, España, http://archivoespañoldearte.revistas.csic.es, Mar-2018

[2] Idem

[3] William Cetzal-Ix y Eliana Noguera-Savelli, “Jardines prehispánicos de México”, Herbario CICY, Centro de Investigación Cientifica de Yucatán, A.C., Noviembre, 2014, p. 109, http://www.cicy.mx/sitios/desde_herbario, Mar-2019

[4] José Miguel Morales Folguera, Op. cit., p. 355

[5] Patrick Lesbre, “El Tetzcutzinco en la obra de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl”, en, Estudios de Cultura Náhuatl, Vol. 32, UNAM, IIH, México, 2001, p. 323

[6] Ibidem,  p. 324

[7] Ibidem,  p. 326

Post Author: Apromeci

Deja un comentario