Tlahui-Colótl el Aquiles Tlaxcalteca

Si otras culturas tuvieron a Hércules, Sansón, Héctor, Áquiles, entre otros, el reino de Tlaxcala tuvo a Tlaui Colotl, (escorpión armado), uno de los mas respetados guerreros por los mexica.

 El reino tlaxcalteca, nunca pudo ser sometido por los mexica y esto fue en gran parte gracias al arrojo y a la ferocidad de sus guerreros.

De este tejido de historias y leyendas, lleno de batallas épicas, surgió el personaje mítico como Tlahui-Colotl (escorpión armado), un soldado tlaxcalteca que, según se relata, poseía una fuerza descomunal que le permitía luchar con varios contrincantes a la vez, hasta vencerlos.

Admirado por los grandes

Su fama trascendió a tal grado, que el mismo Tlatoani mexica Motecuhzoma Xocoyotzin pidió que se le capturara para intentar convencerlo de unirse a su ejército y así hacerlo partícipe de sus victorias. Tlahui-Colotl, como un soldado digno y orgulloso, rechazó la oferta en un principio, pero al final cedió a cambio de algunas dádivas para su pueblo. Así fue como dirigió las batallas de los mexica contra los purépecha en el territorio que actualmente pertenece al estado de Michoacán.

Una vez terminada la campaña, Tlahui-Colotl fue llamado de nuevo por Motecuhzoma quien, complacido por las victorias obtenidas contra los purépecha, le reiteró su oferta para llenarlo de riquezas si decidía quedarse con sus ejércitos. Una oferta nada despreciable si tomamos en cuenta que era Tenochtitlán la ciudad más refinada en ese momento…

¿ Cómo fue su muerte ?

Gary Jennings, en su novela “Azteca”, relata cómo un Tlahui-Colotl arrodillado venció a cinco guerreros. Su primer oponente fue uno de los dos cuauhpilli que lo habían ayudado a llegar a la plaza: el mexica saltó dentro de la piedra de batalla por el lado derecho de Escorpión-armado, el lado en que él tenía su arma más ofensiva, la maquáhuitl. Sin embargo, escorpión-armado sorprendió al hombre. Él ni siquiera movió la maquáhuitl y en su lugar usó la vara como defensa. La balanceó fuertemente, formando con ella un amplio arco. El mexica, quien difícilmente hubiera podido esperar ese ataque con una simple vara, fue alcanzado en la barbilla. Su mandíbula se rompió y perdió totalmente el conocimiento con el golpe. Parte de la multitud murmuró con admiración y otros lo ovacionaron con el grito del búho. Tlahui-Colotl simplemente se quedó sentado, con la vara de madera descansando lánguidamente sobre su hombro izquierdo.

El adversario número dos fue el otro cuauhpilli que ayudó a Tlahui-Colotl. Naturalmente supuso que, si el prisionero había ganado, se debía sólo a un golpe de suerte y también se acercó a la piedra por el lado derecho del guerrero, esta vez, Escorpión-armado lo azotó con su vara defensiva, pasándola sobre su mano, levantándola por encima de la mano del campeón y luego moviéndola de tal manera que la vara se incrustó en medio de las orejas de la cabeza-yelmo de jaguar del mexica. El hombre cayó hacia afuera de la piedra de batalla, con el cráneo fracturado. Murió antes de que cualquier físico pudiera atenderlo. Los murmullos y gritos de los espectadores aumentaron de volumen.

El oponente número tres era un guerrero flecha y fue mucho más precavido acerca de la vara aparentemente inofensiva del tlaxcalteca. Subió a la piedra por el lado izquierdo y lanzó su espada al mismo tiempo. Tlahui-Colotl otra vez levantó su vara, pero sólo para desviar la espada hacia un lado. Entonces también utilizó su maquáhuitl, aunque en una forma muy poco usual. Pinchó con fuerza, dirigiéndola hacia arriba, con la afilada punta para matar. Lo hizo con todas sus fuerzas, atravesando la garganta del soldado; le traspasó ese prominente cartílago que llamamos «la nuez de Adán». El mexica cayó en agonía y se asfixió hasta morir allí mismo en la piedra de batalla.

Mientras los guardias recogían el despojo y lo llevaban fuera de la piedra, la multitud estaba alborotada con gritos y ovaciones de aliento, no para sus propios guerreros mexica, sino para el tlaxcalteca. Incluso los nobles en lo alto del templo estaban discutiendo acerca de eso y conversando excitadamente. No había en la memoria de ninguno de los presentes un prisionero, incluso un prisionero con el uso de sus pies, que hubiera vencido hasta entonces a tres de sus oponentes en duelo.

Pero el siguiente oponente era el que con toda seguridad lo mataría, porque el cuarto era el más raro peleador zurdo.

Post Author: Apromeci

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