15 de Septiembre. ¿Qué celebramos?

Por: Karloz Miranda -Yaoehecatl-

Todos los años, el 15 de Septiembre, los mexicanos celebramos la “independencia” de México. Vale la pena una reflexión al respecto. Antes, un poco del contexto histórico y cultural de esta nación para comprender si debemos “celebrar” o no.

En el año de 1325 se fundó la ciudad de Mexihco-Tenochtitlan. La señal dada por Huitzilopochtli a los antiguos mexicanos se manifestaba en medio de aquel gran lago. El águila real, majestuosa, extendía sus enormes alas parada sobre el nopal que brotaba de entre las piedras.

La promesa dada por El Colibrí Zurdo, de la tierra prometida, se cumplía. Trece años después, en 1338, se fundó la ciudad hermana, gemela, de Tenochtitlan: Mexihco-Tlatelolco.

Los mexicas crecieron a una velocidad impresionante en todos los sentidos, en todas las esferas: política, económica y militarmente. Se expandieron por toda la tierra del Anahuac y más allá de sus fronteras.

Los mexicas establecieron alianzas con otros grandes señoríos. Tuvieron aliados y enemigos, pero todos ellos compartieron algo en común: tenían una mima cosmovisión.

Algunos de esos elementos que conformaban parte de esa misma cosmovisión eran: la idea de una Energía Dual Creadora, que todo en el universo era dual, y que de esa Gran Energía Creadora se desprendían otras energías que ayudaban a conformar y construir el universo. El sol, Tonatiuh, visto como el padre que ayuda a la creación de la vida, y la tierra, vista como la madre, que ayuda al sustento, al cobijo y  a la manutención de los hombres. En esta misa cosmovisión compartida encontramos elementos culturales como: un estrecho contacto con la naturaleza y su hábitat, un lenguaje que expresaba respeto, honestidad y elegancia en el hablar; además de, el cultivo de la planta del maíz, del maguey, del algodón; uso de plantas medicinales para curar sus enfermedades o dolencias; uso de la manta para el vestir; construcción de centros ceremoniales, pirámides; desarrollo de un arte escultórico y pictórico; realización de prácticas ceremoniosas, rituales dedicados al sol, a la lluvia, a las montañas, a la tierra, a los ríos; idea del merecimiento, del agradecimiento y de la contribución que encuentra su máxima representación en el sacrificio.

Esta cosmovisión de los antiguos mexicanos permeó todos los ámbitos de su vida en lo social, político, religioso, económico y en lo militar. Todo se encontraba regido por el Principio Supremo Dual, por lo que había que trabajar para mantener el orden de ese principio, y vivir conforme al mismo, buscando siempre un equilibrio. Bajo ese principio ideológico y esa cosmovisión se desarrollaron grandes culturas y civilizaciones en el México antiguo.

En 1519 llegó Hernán Cortés a México. Ahí comenzó la transformación de la cosmovisión del México antiguo, ahí comenzó su erosión. Con la llegada del hombre europeo y su cultura occidental ­–que privilegia mucho la libertad, el individualismo, la riqueza y la posesión de bienes materiales–, comenzaron a desaparecer las formas de vida, así como su cosmovisión, de los antiguos mexicanos.

En 1521 cayó derrotada Tenochtitlan por Hernán Cortés, y junto con ella comenzó a derrumbarse todo el pensamiento y cosmovisión indígena antiguos. Los españoles impusieron, a fuerza de espada y sangre, su religión, su lengua, su sistema político y económico, sus formas de vida, su cultura. Incluso, los aliados de Hernán Cortés en la guerra, siendo indígenas, corrieron la misma suerte: sus formas de vida antigua desaparecieron. El mundo indígena jamás volvió a ser el mismo. Fue destruido piedra por piedra. La forma de pensar antigua, su ideología, su cosmovisión, al igual que sus edificaciones, fue destrozada y erradicada.

En los primeros años del gobierno español, en los inicios de la era novohispana, la población originaria de México fue reducida a la esclavitud bajo el sistema de encomiendas y el trabajo forzado en las minas, otra gran parte de la población mexicana se destinó a la servidumbre de los españoles. Los españoles ganaron la guerra, se convirtieron en los dueños de esta tierra mexicana, pero ellos no la iban a trabajar, a cultivar ni a cosechar, tampoco iban a construir sus casas, sus edificios. Ellos, como lo habían dicho, no habían venido desde España para trabajar aquí, habían venido para ser ricos y para que trabajaran para ellos. La población indígena se encargó de trabajar la tierra, como siempre lo habían hecho, y de construir edificios, como siempre lo habían hecho, pero ya no para ellos, sino para los españoles.

Tres siglos, trescientos años duró el gobierno y la dominación de la corona española en territorio mexicano. Durante ese tiempo surgieron nuevas clases sociales, producto de la mezcla de razas o de sangre entre españoles, población indígena y las personas de raza negra traída por los hispanos. Los españoles crearon una escala de clases sociales que degradaban al hombre indígena, al hombre negro, a la mezcla entre ellos y, por consiguiente, a su descendencia. Así surgieron categorías raciales a las que llamaron: “saltapatras”, “tente en el aire”, “no te entiendo”, “ahí estas”, “lobo”, “gibaro”, “morisco”, y los ya conocidos “mestizos”, entre muchas otras.

La población mestiza, producto de la mezcla entre español e indígena, no fue querida ni aceptada por la población española, sobra decir, cuyos padres de las criaturas eran los españoles. Ya que decir de los “saltapatras” o de los “tente en el aire”. Las primeras generaciones de mestizos, muchos de ellos, siendo rechazados por la población hispana y vistos con incertidumbre y duda por la población indígena (ya que no eran 100% indígenas) se convirtieron en los primeros delincuentes y criminales más temidos durante la época colonial. Así surgieron los primeros “nuevos” mexicanos.

Para el año de 1810, las ideas del liberalismo político y económico surgidas en Europa así como las ideas de la Ilustración, la invasión de Francia a España, y la inconformidad política, social y económica que se vivía en la entonces llamada Nueva España, llenaron de valor a la población criolla (los hijos de los españoles nacidos en México) para proclamar la independencia de la Nueva España de la corona española. Para entonces, los criollos se encontraban molestos, disgustados, por la imposición de la reformas borbónicas impuestas por la corona española que les incrementaba los impuestos y reducía su participación en las esferas políticas y económicas, además de quitarles un gran numero de derechos y privilegios. Fueron realmente los criollos los que, inconformes, iniciaron el movimiento de “independencia”, fueron ellos los que, cansados del desplazamiento político, social y económico (hasta las mujeres novohispanas preferían casarse con un español “puro”), decidieron proclamar la guerra para separarse de la corona española y quedarse con el poder político y económico.

La población indígena fue convocada (o usada) y bajo el discurso de “independencia”, “libertad” y una mejor vida, apoyó la causa criolla. Por su parte, el virrey y  los conservadores (los criollos e hispanos fieles a la corona) eligieron a Agustín de Iturbide como jefe de su ejercito realista (de la realeza, de la corona española) y defensor del Estado monárquico. Más de diez años duró la guerra de independencia. La iniciaron los insurgentes (criollos y mestizos) luchando contra el ejercito realista. Los lideres criollos que iniciaron el movimiento insurgente no terminaron la guerra, uno a uno fueron muriendo. Al final, el jefe del ejercito realista, Agustín de Iturbide, cambio de intereses políticos y decidió pactar con Vicente Guerrero, y con ello dar fin a la guerra de “independencia”. Que ironía histórica, el hombre que luchaba contra los “independentistas”, contra los insurgentes, termina consumando la “independencia” de México. El hombre que trabajaba para los intereses españoles, Agustín de Iturbide, termina convirtiéndose en héroe de la independencia de México.

El movimiento de independencia fue en realidad una lucha entre criollos e hispanos por el poder político y económico de México. En pocas palabras, fue una lucha entre españoles ciertamente. Y, al final, lo que sucedió fue que Iturbide fue proclamado “emperador” y se estableció, de nueva cuenta, un sistema “monárquico” para la reciente nación “independiente”. Es decir, continuaba el mismo régimen político que en la época colonial, gobernando un “monarca” español (criollo), y en un país que  ahora era “independiente”. Los mexicanos tuvieron entonces un “Alteza Serenísima” o un “Emperador” gobernando sobre ellos. ¿Cuál fue el cambio político respecto a la corona española? Ninguno. México se “independizó” de los españoles de España pero continuaba gobernando por los hijos de ellos nacidos en territorio mexicano; continuaba gobernado por los españoles en la figura del criollo. La misma gata pero revolcada. Además, lo más importante y trascendental, es que México no recuperó sus formas antiguas de vida ni su cosmovisión con la supuesta “independencia”. Sobra decir que tampoco nació como un país con un sistema democrático ni como una República.

Mucha gente quedó inconforme, pues muchas personas del régimen anterior seguían gobernando bajo el nuevo imperio de Iturbide. La sociedad mexicana se dividió entre liberales (los que querían un régimen republicano, es decir, realmente libre e independiente) y los conservadores (aquellos que querían mantener los privilegios del antiguo régimen monárquico). Estalló de nuevo la guerra en México, liberales contra conservadores. Esta guerra duró muchos años, sangrando al país, dividiéndolo.

Llegó Benito Juárez, enfrentó las hostilidades políticas, las invasiones extranjeras y la guerra. Al final,  puso cierto orden a la nación, hubo un periodo de relativa calma y paz social. Después llegó al poder Porfirio Díaz. México se “moderniza”, se “afrancesa”, la clase alta y pudiente alaba todo lo que hace por México el Sr. Díaz –“Don Porfis”, como le decían–,  porque lo ha subido de “categoría”. Pero en los campos, en la provincia, la gente sigue más miserable que nunca; nuevamente, la población indígena y mestiza en los extremos de la pobreza. Francisco I. Madero proclama la revolución, un nuevo movimiento armado, y los caudillos del norte y del sur, Francisco Villa y Emiliano Zapata se le unen. La guerra dura cerca de diez años. Al final, los que luchaban contra los revolucionarios terminan consumando la Revolución Mexicana, un déjà vu histórico.

Lo que ha seguido en la historia política de México es una serie de crímenes y asesinatos por el poder económico y político de esta nación. Los hombres que han gobernado esta tierra milenaria sólo les ha interesado dar continuidad a los intereses de sus antecesores: enriquecimiento y poder. Y al pueblo mexicano: paliativos. Estos hombres nunca se han interesado por recuperar y reconstruir las formas de vida y de pensamiento, cosmovisión, del México antiguo.

Concluyendo, en la mayoría de los casos, salvo algunas excepciones, los gobiernos que han regido la vida de este país, han sido sucesores del primer gobierno invasor. Ninguno de ellos se ha preocupado por restaurar las formas de vida antiguas, ni aquella cosmovisión que rigió el pensamiento de la antigua Anahuac y que permitió comprender la existencia y el universo de otra manera. Nunca nos independizamos de lo español, seguimos hablando su idioma; su moneda continua vigente, el peso; su religión, impuesta a la fuerza, se continua practicando y es la base del sistema religioso mexicano; el sistema político mexicano en realidad tiene mucho de “monárquico” en la figura del “presidencialismo”, además de que, desde la llegada de la cultura occidental, siempre se ha fomentado el individualismo, la liberación económica y social, la ambición material y la obtención de riqueza.

La intención de narrar algunos aspectos históricos ha sido solamente para que nos conduzca a una reflexión, teniendo en cuenta un punto de partida, unas referencias históricas. Y el punto para esta reflexión es ¿Qué celebramos los mexicanos el 15 de septiembre? ¿En realidad nos “independizamos”? ¿Somos libres de quién o de qué?

¿Los mexicanos hemos vuelto ha recuperar lo que fuimos antes de la llegada de los españoles en el siglo XVI? Con la “independencia” de México, ¿hemos vuelto a recuperar nuestro rostro y corazón? ¿Hemos recuperado algo de las antiguas formas de vida? ¿Hemos recuperado nuestras lenguas originarias, autóctonas? Si somos “independientes” de España, ¿por qué seguimos hablando español? ¿por qué nuestra economía sigue regida por el sistema monetario de “el peso”? En otras palabras, si México se independizó, ¿por qué no ha recuperado su cosmovisión antigua y sigue sujeto a la forma de vida occidental? ¿Por qué los mexicanos no volteamos a ver las culturas del México antiguo como modelos para nuestra vida actual? ¿Por qué algunos mexicanos se avergüenzan del color de su piel o de sus rasgos indígenas o de la lengua indígena que hablan? ¿por qué algunos usan el término “indio” como algo despectivo y peyorativo? ¿hemos cambiado nuestra forma de pensar? ¿O continuamos con el mismo pensamiento colonial,  impuesto desde la llegada de los españoles?

Por último, México no se celebra un solo día al año, poniéndose un sombrero de charro, vistiéndose de china poblana, y dando un grito, no, eso no es ser mexicano, eso es ser patriotero. México es más que eso, y se le debe recordar y celebrar no solamente el 15 de Septiembre.

Post Author: Apromeci

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