Termina el sexenio y los indígenas siguen igual o peor.

Los poco más de 80 mil millones de pesos distribuidos por el Gobierno Federal en áreas y programas de la población indígena, resultan insuficientes para las 20 millones de personas que integran este sector. En la mayoría de los casos persisten las condiciones de vulnerabilidad y desigualdad.

Hoy se cumple un año del terremoto que destruyó miles de viviendas, escuelas y diversos inmuebles en el Istmo de Tehuantepec. Muchas escuelas no han sido reconstruidas y los damnificados continúan intentando levantar sus casas de nuevo. 

A los que recibieron los famosos 120 mil pesos distribuidos por los  gobiernos federal y estatal no les alcanzaron para casi nada, y en peor situación están los muchos que no fueron beneficiados por ese recurso. Eso no lo mencionó Peña Nieto en su informe.

Pronto se cumplirán cuatro años de la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa y el presidente sigue insistiendo en la “verdad histórica” (que fueron incinerados en el basurero de Cocula), después de que está más que comprobado que es una mentira.

Incluso en días pasados integrantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en una visita realizada a nuestro país, reiteraron que rechazan dicha versión.

Según el sexto informe de Peña Nieto, el presupuesto destinado este año a los indígenas fue de poco más de 80 mil millones de pesos distribuidos en diversas áreas y programas, entre ellos los que supuestamente disminuyen la pobreza y el hambre, y el Seguro Popular. Se presenta como si fuera mucho, pero recordemos que hay alrededor de 20 millones de indígenas en el país.

Hace unos días visité algunas comunidades y no se ven mejoras por ningún lado. Como siempre, los centros de salud estaban cerrados y según los habitantes “a veces abren pero de todos modos no hay medicinas, entonces tenemos que ir a la cabecera (municipal)”.

El transporte de ida y vuelta cuesta 150 pesos por persona y cuando no los tienen o consiguen recorren caminando los 25 kilómetros que los separan de la cabecera,  demoran ocho horas. En transporte llegan en hora y media porque el camino no está pavimentado y se encuentra en pésimas condiciones. En esos casos de nada sirve el seguro popular, pero funciona para las estadísticas.

La gente insiste en que los comedores comunitarios no son adecuados, con lo que les cuesta una comida para la familia comen en casa “comida de verdad” porque ahí les dan huevo en polvo y “cosas así, horribles”. Y sí, los que comen en estos lugares son los choferes de vehículos de transporte de carga, los trabajadores de carreteras y de diversas dependencias, etc., pero no los indígenas, porque además en las comunidades más apartadas y marginadas no existen dichos comedores.

Por otro lado, cuentan de la presencia de delincuentes de todo tipo que roban, violan o matan; o de líderes amenazados, asesinados o desaparecidos, como Sergio Rivera, el integrante del Movimiento Agrario Indígena Zapatista (MAIZ), de quien no se tienen noticias desde el pasado 23 de agosto.

En síntesis, Peña Nieto se irá dejando a los indígenas no sólo en la marginación, sino afectados por la violencia y la violación constante a sus derechos. Pero los pueblos indígenas continúan resistiendo y sobreviviendo, como lo han hecho siempre. Sus principales armas de subsistencia son la organización comunitaria y la solidaridad. Se organizan para trabajar juntos en eso que llaman tequio o mano vuelta; se apoyan mutuamente cuando tienen algún problema o alguien se enferma o no tienen para comer, realizan asambleas en las que toman en conjunto las decisiones que atañen a la comunidad, y se protegen juntos de los enemigos externos. También es así como luchan por defender su territorio y sus derechos, y como organizan proyectos o empresas comunitarias que les permiten vivir mejor. Y así seguirán, aunque ahora tienen esperanzas de que con el nuevo gobierno mejorará su situación. Ojalá que así sea.

FUENTE:  animalpolitico.com  

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