Ofrendas indígenas, cultura precolonial de gran riqueza

Las comunidades indígenas, desde la época precolonial, han  dado soporte a las celebraciones del Día de Muertos, por lo que resulta de suma importante defender no sólo las tradiciones de este sector poblacional, sino su propio bienestar por la riqueza cultural que representan, afirmó la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.

La dependencia, a cargo de Nuvia Mayorga, indicó que las ofrendas son un ritual que convoca a los difuntos niños a degustar el pan y la sal, mientras que los muertos adultos a saborear manjares y vino.

Agregó que dentro de la cultura indígena, los altares para los muertos son un reflejo del sincretismo del viejo y nuevo mundo, una mezcla cultural donde los europeos pusieron algunas flores, ceras, velas y veladoras; y los indígenas agregaron el sahumerio con su copal, la comida y la flor de cempasúchil.

Se recibe a los muertos con elementos naturales, frugales e intangibles, además se incluyen las estelas de olores y fragancias que le nacen a las flores, al incienso y al copal.

El agua, sal, velas o veladoras, copal, incienso, flores, petate, izcuintle, pan, gollete y cañas son algunos elementos imprescindibles que deben llevar las ofrendas para conservar su encanto espiritual.

Cada uno de ellos tiene su propio significado, por ejemplo, el agua representa la fuente de la vida, se ofrece a las ánimas para saciar su sed después del largo recorrido y para que fortalezcan su regreso, mientras que la sal sirve para que el alma no se corrompa en su viaje de ida y vuelta para el siguiente año.

La luz que producen las velas representa la esperanza y la fe, una guía para que los difuntos puedan llegar a sus antiguos lugares y alumbrar el regreso a su morada.

En varias comunidades indígenas cada vela representa un difunto, es decir, el número de veladoras que tendrá el altar dependerá de las almas que quiera recibir la familia.

Si los cirios o los candeleros son morados es señal de duelo; y si se ponen cuatro en cruz, representan los cuatro puntos cardinales, de manera que el ánima pueda orientarse hasta encontrar su camino a su casa.

El copal era ofrecido por los indígenas a sus dioses, pues el incienso fue traído por los españoles; las fragancias de ambos subliman la oración o alabanza, se usan para limpiar el lugar de los malos espíritus y evitar peligro alguno a quienes regresan a su casa.

Por sus colores y estelas aromáticas, las flores son símbolo de la festividad, adornan y aromatizan el lugar durante la estancia del ánima.

Las más tradicionales son el alhelí y la nube, que su color significa pureza y ternura y suelen acompañan a las ánimas de los niños; así como la de cempasúchil, que en muchos lugares se acostumbra a desojarla y poner caminos de pétalos para guiar al difunto del campo santo a la ofrenda y viceversa.

 

FUENTE:  la-prensa.com.mx  

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