Jóvenes mujeres indígenas: la generación que sigue

Pese a los avances que se han dado en la lucha por el reconocimiento de los derechos de las mujeres y de los pueblos indígenas, las mujeres jóvenes indígenas seguimos siendo invisibilizadas como actoras sociales de cambio y sujetas de derechos.

Sentir orgullo de ser mujer, de ser chatina, no nació en mi corazón de la noche a la mañana, lo he ido aprendiendo en el camino con otras y otros, tal como se aprende lo trascendental en la vida en comunidad.

 

Según datos del Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE) basados en los resultados de la Encuesta Intercensal 2015, en nuestro país el 31.6 % de la población son jóvenes y de ellos, el 21.3 % somos indígenas (5.7 millones).

Pese a los avances que se han dado en la lucha por el reconocimiento de los derechos de las mujeres y de los pueblos indígenas, las mujeres jóvenes indígenas seguimos siendo invisibilizadas como actoras sociales de cambio y sujetas de derechos, tanto en las instituciones, como en las leyes, en políticas públicas y en las diversas esferas de la sociedad, donde no tenemos espacios de participación. Tampoco existen mecanismos para garantizar nuestros derechos básicos como el acceso a la vivienda o la propiedad y menos oportunidades tenemos para acceder a espacios de participación político electoral.

Para avanzar hacia el reconocimiento de nuestros derechos, desde las juventudes indígenas tenemos claro que nuestro aporte debe ser desde la mirada interseccional, para abonar a la lucha de nuestras hermanas y hermanos del movimiento indígena, al movimiento global de las mujeres y a las diversas luchas y activismos que asumimos las juventudes desde diferentes territorios, culturas y contextos.

En México, la Asamblea Nacional Política de Mujeres Indígenas ha representado una plataforma para las mujeres indígenas jóvenes, en el sentido de hacer escuchar nuestra voz y de lograr un espacio de diálogo intergeneracional sustantivo. Un diálogo franco y abierto donde compartamos nuestro sentir-pensar, nuestros retos, compartamos memorias, admiraciones y respeto, siempre desde la escucha y la construcción colectiva.

En el marco del Día Internacional de la Mujer Indígena, los días 3 y 4 de septiembre convocamos al Coloquio “Mujeres Jóvenes Indígenas: Identidades, Derechos y Diálogos” donde participamos jóvenes provenientes de los pueblos Ayuuk, Ch´ol, Chatino, Nahua, Hñahñu, Ñuu savi, Maya peninsular, Mazahua, Ñomndaa, Me’phaa, Purhépecha, Tojolabal, y Zapoteco, provenientes de los estados de Baja California, Chiapas, Ciudad de México, Estado de México, Guerrero, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Monterrey, Tabasco, Veracruz y Yucatán, para reconocernos como mujeres jóvenes, dialogar sobre nuestras agendas y decir que queremos que la mirada de las juventudes sea transversal en todas las acciones que emprendamos y en todos los espacios de toma de decisiones.

En este ejercicio partimos también de reconocer a esas mujeres anónimas a quienes los reflectores no han alcanzado, que nos transmitieron fuerza en nuestros corazones y nuestra lucha, y que su ejemplo fue nuestro primer referente e inspiración para luchar contra las injusticias. Partimos de reconocer a nuestras madres y familias, a nuestras hermanas y hermanos indígenas, cuyas luchas nos han dado voz, camino y fortaleza para no olvidar nuestras identidades y raíces.

Durante dos días jóvenes y mayoras integrantes de las redes: Red de intérpretes y traductores de lenguas indígenas, Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas-CONAMI, Red Nacional de Casas de Mujeres Indígenas-CAMI, Red Indígena de Turismo de México-RITA, Red Interdisciplinaria de investigadores de los Pueblos Indios de México-IINPIM, del Colegiado Interdisciplinario de Mujeres Indígenas- COIMIN, Red Nacional de Mujeres Indígenas Tejiendo Derechos por la Madre Tierra y Territorio- RENAMITT, y Red Nacional de Mujeres Jóvenes Indígenas tuvimos la oportunidad de escuchar nuestras inquietudes, nuestra palabra, para identificar los desafíos que como jóvenes indígenas tenemos y cómo esto lo comunicamos con las personas mayores con quienes nos relacionamos en todos los espacios de la sociedad.

Reflexiones colectivas, reflexiones de la Asamblea

Desde el espacio de reflexión de la ANPI estamos conscientes de que vivimos en una sociedad racista, clasista y machista, tenemos claro que lograr el ejercicio pleno de nuestros derechos no es tarea sencilla. Vemos con preocupación los contextos de violencia a los que hoy nos enfrentamos, gracias a la omisión del Estado y su alianza con el sistema económico que ve en nuestra tierra y territorios, recursos para explotar y no espacios de vida; un estado en crisis que no respecta los derechos humanos y criminaliza la protesta social. Nuestras comunidades viven acciones constantes de violencia institucional.

A partir de esta situación de crisis, cada vez más estamos más claras que la solución vendrá de nuestros pueblos, quienes por muchos años han resguardado el territorio y nuestras formas de vida, por ello coincidimos en este diálogo que es necesario fortalecer nuestras raíces, continuar la lucha por la libre determinación de nuestros pueblos, así como el derecho a la consulta, a la participación y a la representación, entre muchos otros, para poder hablar en primera persona.

En este diálogo intergeneracional dentro de la Asamblea, compartimos algunas preguntas:

  • ¿Cómo hacer para fortalecer las agendas de las diversas redes, desde las juventudes indígenas?,
  • ¿Qué pasa con las juventudes en contextos de migración? ¿Cómo actuar frente al racismo y la discriminación?
  • ¿Cómo las jóvenes, después de ser capacitadas y formadas, replicamos la información en lo local?
  • ¿Nos toca trabajar y colocar nuevos temas como: abuso sexual, la diversidad sexual, el aborto, derecho a decidir, en lo local?

Después de compartir nuestras memorias y anhelos, las participantes coincidimos que venimos de luchas colectivas, que nos motivamos a estar en este espacio por historias personales que nos atraviesan y tocan, que nos dolió la injusticia y eso debe hermanarnos. Coincidimos que para lograr un verdadero diálogo intergeneracional, jóvenes y adultos/as debemos estar dispuestas a escuchar, aprender y desaprender de quienes nos antecedieron en la lucha, y también confirmar que nuestros pensamientos como juventudes valen y que tenemos la capacidad de tomar las riendas de los procesos, como en todo, en el camino iremos aprendiendo.

También compartimos todas que la tierra se aprecia y es necesario repensar nuestra relación con ella, porque “no se puede amar lo que no se conoce”.

En este ejercicio de ida y vuelta, las hermanas mayores aceptaron que deben estar dispuestas a delegar tareas de decisión, a soltar sus liderazgos y a asumir responsabilidades compartidas, confiando en la participación sustantiva de las juventudes, que trascienda los discursos; es decir, coadyuvarán para generar espacios reales de toma de decisiones para las jóvenes.

Estos dos días de trabajo estuvieron llenos de vitalidad y esperanza, las mujeres jóvenes preguntaron qué hacer ante el feminicidio, la desaparición forzada, el etnocidio y colonialismo que permea en la actualidad, donde en la nueva reforma educativa ofrecen pagar 33 mil pesos al mes a maestros que hablen inglés y donde a un traductor e intérprete en lenguas indígenas, se le pide agradecer por pagarle el taxi después de haber prestado un servicio profesional. Esta forma de valorar lo propio, pese al reconocimiento constitucional, es ofensivo para quienes integramos más del 21 % de la población mexicana.

La participación activa de las jóvenes indígenas para dar su voz y sus experiencias en el trabajo cotidiano que realizan, refleja la necesidad de contar con espacios más frecuentes para fortalecer en conjunto la agenda de juventudes, que responda a los diversos contextos y experiencias de trabajo, basado en el diálogo, intercambio de buenas prácticas, conocimientos e investigaciones.

Hace 20 años nuestras madres y abuelas soñaron que todas ya tendríamos el derecho conquistado de ir a la escuela, de estudiar la escuela superior, por todos estos obstáculos y elementos de exclusión, el cumplimiento de ese derecho básico sigue pendiente. Lo mismo pasa con el acceso a la salud, la violencia obstétrica continúa cotidianamente y se fundamente aun en prejuicios por condición étnicas, de clase, etaria y de género.

Queda tanto por hacer en temas como embarazo adolescente, matrimonio a edad temprana, derechos sexuales y reproductivos, cómo ser activista en contextos violentos, qué hacer ante la violencia intrafamiliar, qué hacer ante las violencias y secuelas que dejan las acciones del narcotráfico, la violencia sexual, entre otros.

Las mujeres indígenas participantes coincidimos que aún queda trecho largo para alcanzar la justicia, pero sabemos que no estamos solas. Por ello nuestros reconocimientos a este espacio de la Asamblea Nacional Política de Mujeres Indígenas por permitirnos crecer juntas y aprender de todas con nuestros encuentros y desencuentros, somos Asamblea y somos comunidad, y por ello, así como en nuestros pueblos, es necesario irse adecuando a los nuevos contextos, hoy ponemos otro ejemplo, asumimos y llevamos a la realidad este compromiso de impulsar y fortalecer la acción política de las mujeres jóvenes indígenas.

Nunca más un México sin nosotras.

 

FUENTE: animalpolitico.com  

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