HERENCIA PREHISPÁNICA, ORIGEN Y PROYECCIÓN

La cultura tan avanzada de nuestros antepasados era basta y tenia entre sus hallazgos un amplio conocimiento de las plantas y sus frutos, su manejo para alimentarse, cultivarse o usar en el cuidado de la salud con mucha precisión. De entre esa inmensa gama de conocimientos, una de las frutas que tienen mayor referencia es el Chicozapote (Minalkara zapota), fruta de temporada invernal que aporta vitamina C, hierro y fósforo, que fortalece la resistencia a las infecciones, con función antioxidante y que mejora el sistema digestivo por su abundancia en fibra.

Este fruto de la familia sapotaceae, es fácil de encontrar en Tamaulipas, Nayarit, Colima y Michoacán, así como en Campeche, Chiapas, Tabasco, Quintana Roo y Yucatán. Desde tiempos previos a la colonia se conocen sus propiedades curativas contra la disentería y diarrea, para éstos se recomienda tomar la cocción o el macerado de la corteza como agua de uso, además tiene la propiedad de bajar la fiebre. Como las semillas contienen resinas y grasas, se emplean como diurético; para ello basta moler y mezclar con agua y azúcar cinco o seis de ellas.

En algunas zonas del norte, se hierven varias hojas para tomarse tres veces al día como té para normalizar la presión alta. La infusión puede ocasionar vómito si se ingiere demasiado. Nativo de México, America Central y norte de Sudamérica, el chicozapote tiene cáscara delgada, morena y áspera. La parte interna del chicozapote, de color marrón amarillento, es carnosa, jugosa y muy dulce, razón por la que su nombre de procedencia náhuatl quiere decir zapote de miel. Cuando se ingiera puede hacerse con cáscara o sin ella. Si es con ella, lave y desinfecte para evitar residuos de pesticidas o químicos utilizados en su cultivo.

De lo contrario, al retirarle su cáscara, trate de no quitarle mucho de su pulpa, ya que debajo de su cubierta se encuentra una rica cantidad de antioxidantes, carotenoides y vitamina. En general esta es una fruta muy nutritiva en la que podemos encontrar proteínas, calcio, magnesio, vitamina A, E, mucho potasio, fósforo, sodio, hierro vitamina C y pocas calorías por su bajo contenido en grasa y alto en hidratos.

Forma internacional.

Esta fruta regional de Mesoamérica, oriunda de la parte del sur de México, nace en las ramas de un árbol llamado chicle, chictli en náhuatl, el cual excreta una resina blanquizca, formula lechosa que al contacto con el aire toma una consistencia gomosa por sus agentes oxidantes. Esta brea era utilizada por los antiguos nativos de la región sur del país, masticándola durante largos periodos para mantener su dentadura limpia y fuerte. Su industrialización comienza cuando Thomas Adams, influenciado por el general Antonio López de Santa Ana, conoció esta goma de látex. Antes de ello lo trató de ocupar en la fabricación de juguetes, calzado o llantas para bicicleta; al no resultar lo anterior decidió prepararlo con un sabor adicional, lo que fue un gran éxito en estados unidos.

Hoy en día el chicle, que en muchos países es sinónimo de goma de mascar, es creado con acetato polivinílico, agregando colorantes y saborizantes artificiales.

Para la obtención de esta resina, se deben hacer cortes sesgados en la corteza del árbol de modo que se recolecten los dos a diez kilos del producto exudado.

Este proceso debe realizarse cada dos o tres años para dejar que se reestablezcan los niveles de resina. Este árbol siempre verde crece de 8 a 15 metros, aunque en los bosques tropicales alcanza más de 30 metros de altura. Se puede empezar a cortar cuando su tronco llegue a los 30 cm de diámetro. Presenta copa redondeada y con follaje lustroso, abundante y fresco. Lo viste una corteza de color pardo, agrietada y áspera.

La madera de este árbol, posee una gran dureza y resistencia, se recomienda para artesanías, instrumentos musicales, para columnas, partes de vehículos, construcciones rurales, armazones de barcos, construcciones marinas, dinteles, vigas durmientes, mangos para herramientas, muebles de lujo, entre otros. En muchas zonas se cultiva por su fruto y sus diversos usos. En otras regiones de México esta prohibida su explotación forestal, como en la península de Yucatán.

El chicozapote habita en gran parte del país en donde el clima es cálido, húmedo y semicálido, es fresco y muy apreciado para la preparación de mermeladas y jarabes por su agradable sabor dulce. Puede comerse a temperatura ambiente o frío cortado por la mitad y con una cuchara, su pulpa puede incorporarse a una ensalada, o bien, puede prepararse una excelente salsa para postre, pasando la pulpa de chicozapote por un colador y añadiendo jugo de naranja y crema chatilly. Igualmente puede añadirse pulpa de chicozapote a los ingredientes básicos de un flan para mejorar el sabor de este postre.

 

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