Navidad, el nacimiento de Huitzilopochtli.

Por: Karloz Miranda Yaoehecatl

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No piense mal, no es una herejía, ni tampoco es un error el encabezado, sólo indica lo que para los antiguos mexicanos significó estos días cercanos a la época “navideña”. Y es que, hay que recordar, que la palabra navidad –proveniente del latín nativitas–, significa estrictamente nacimiento, por lo que es valido utilizar el término para indicar cualquier tipo de nacimiento y, de una vez, aclarar que no es una palabra sacra o exclusiva de la religión católica.

Aclarado el uso de dicha palabra para no herir susceptibilidades­, hablemos ahora del nacimiento de Huitzilopochtli, una de las divinidades mesoamericanas mas emblemáticas y representativas del México antiguo; y que también, resulta curioso el hecho, nació de una mujer que “no conoció varón”. En el manuscrito antiguo llamado Historia de los mexicanos por sus pinturas (también conocido como Códice Ramírez de Fuenleal), se menciona que una mujer llamada Coatlicue “seyendo vírgen, tomó unas pocas de plumas blancas é púsolas en el pecho, y empreñóse sin ayuntamiento de varon, y nascio della uchilogos”[1]

Otra fuente antigua que menciona este mismo acontecimiento es la Historia General de las Cosas de Nueva España, de fray Bernardino de Sahagún. El libro tercero que trata “Del principio que tuvieron los dioses”, cuando se menciona “del nacimiento de Huitzilopochtli”, se dice que, una mujer llamada Coatlicue –la cual al parecer era una persona muy entregada y dedicada a las cosas divinas ya que todos los días se levantaba muy temprano e iba al templo (teocalli) que se encontraba en la cima de una montaña llamada Coatepec–, se encontraba barriendo el templo cuando de pronto vio un extraño y hermoso plumaje, lo recogió y lo guardo cerca de su vientre, cuando termino de barrer buscó el plumaje que se había guardado y no lo encontró, dándose cuenta que había quedado embarazada.[2]

El mito antiguo del nacimiento de Huitzilopochtli que nació de una “virgen” –y que dejó perplejos a los religiosos españoles cuando conocieron la historia–, ha sido interpretado en términos astronómicos por varios estudiosos e investigadores del México antiguo, siendo el erudito y sabio alemán Eduard Seler (antropólogo y etnohistoriador), el primero en hacer la propuesta de que Huitzilopochtli era en realidad una representación simbólica del sol: “…es sin duda el joven dios del sol que asesina al fantasma de la noche y echa al ejército de las estrellas.”[3]

En palabras del historiador Gabriel Kenrick: “La mayoría de los estudiosos de la cultura mexica están de acuerdo en identificar a Huitzilopochtli con el sol e interpretan la fiesta de Panquetzaliztli como representación del nacimiento del astro. Seler fue el primero en apuntar la atención al mito del nacimiento de Huitzilopochtli en el Coatépec para interpretarlo como la salida del sol que derrota a su hermana mayor la luna, Coyolxauhqui, y a sus hermanos Centzonhuitznahua, las cuatrocientas estrellas sureñas.[4]

Recordemos que en el mito nahua, después de que Coatlicue recogió aquella pluma blanca y quedo embarazada, su hija Coyolxauhqui se siente agraviada y molesta “por aquella infamia y deshonra que les había hecho”. Así que, en complicidad con sus hermanos, los Centzonhuitznahuac, deciden matar a su madre. Coatlicue se aflige y se atemoriza al saber que van a matarla, pero “…su criatura (Huitzilopochtli) hablábala y consolábala, diciendo: no tengas miedo, porque yo sé lo que tengo que hacer”.[5] Cuando Coyolxauhqui con sus hermanos llegan para matarla, justo en ese momento nace Huitzilopochtli, armado con su xiuhcoatl (espada-“serpiente de fuego”) y mata a Coyolxauhqui, desmembrándola, cortándola con su arma de fuego, su arma solar, a ella y a sus cuatrocientos hermanos, los Centzonhuitznahuac.

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La interpretación, entonces, de cada uno de los personajes de esta historia, sería: Coatlicue (“la de falda de serpientes”) representa a la madre tierra; Coyolxauhqui (“la de rostro de cascabeles”) representa a la luna; los Centzonhuitznahuac (“los cuatrocientos surianos”) representan a las estrellas del sur; Xiuhcoatl (“serpiente de fuego”), representa el primer rayo de luz solar; y Huitzilopochtli (“colibrí de la izquierda”) representa al sol. De este modo el mito nahua es una representación simbólica del triunfo del día sobre la noche.

Los documentos antiguos mencionan que el nacimiento de Huitzilopochtli se celebraba en el mes (veintena o cempohualiztli) que llamaban panquetzaliztli, que corresponde al mes de noviembre (Sahagún) o diciembre (Durán). Algunos estudiosos han propuesto que este nacimiento puede ubicarse en el evento astronómico conocido como solsticio de invierno, el cual ocurre alrededor del 21 de diciembre.

Cabe mencionar que varias culturas en el mundo consideraron el solsticio de invierno como el momento astronómico en que nacía el sol (persas, romanos, japoneses, los dogon de Mali, etc.)[6] La palabra solsticio proviene del latín solstitium (sol quieto) compuesto de sol y sistere (detenerse), y refiere al día en que, en apariencia (efecto visual), el sol se “detiene” en el horizonte.

Esta “detención del sol” no pasó desapercibida para los antiguos mexicanos. El sol siempre fue considerado simbólicamente como una ave que surca los cielos, justo porque como las aves, esta “volando” en el cielo, esta en lo alto, por eso le llamaban, entre otros nombres, Iztacuauhtli, que quiere decir: águila blanca. Pues bien, para el momento en que el sol se “detenía”, observaron los antiguos mexicanos que, en esa época del año, era un poco más pequeño al salir por el horizonte. Consideraron este evento el momento de su “nacimiento” (todo lo que nace inicia pequeño) y por ser “pequeño” y “detenerse” en el aire lo asociaron con el colibrí (huitzitzilin), única ave que puede detener su vuelo y mantenerse suspendida en el aire, ningún ave puede hacer muestra de tan extraordinario control, además de ser pequeña. Observaron que era en este punto del horizonte, más al sur, a la izquierda del sol, donde ocurría el “nacimiento”, por esto le llamaron Huitzilopochtli, que quiere decir: El colibrí de la izquierda. Puesto que el sol “nacía” entonces (metafóricamente), era visto como un niño, un niñito, y por eso también le llamaban Xiuhpiltontli que quiere decir: El niñito precioso. Así que, alrededor del 21 de diciembre los antiguos mexicanos celebraban a su niñito precioso: el sol. De este modo, el nacimiento de Huitzilopochtli asociado al solsticio de invierno, tiene sentido.

En Europa, el solsticio de invierno se celebraba el 25 de diciembre en el antiguo calendario juliano.[7] Los europeos adoptaron esta fecha para el nacimiento de Jesucristo. Esto es así porque la iglesia católica tuvo la necesidad de adaptar una “festividad pagana” como estrategia de conversión al cristianismo. La observación del movimiento de los astros y la determinación de los fenómenos astronómicos como los solsticios y los equinoccios han sido característica de las más avanzadas culturas de la antigüedad. Los persas celebraban el nacimiento del sol invencible, Mitra (el sol invicto) el 25 de diciembre. Cuando el Imperio Romano se extendió por toda Europa y parte de Asia, los romanos adoptaron el culto a Mitra. Posteriormente los emperadores romanos adoptaron para ellos el título de Sol Invictus (sol invicto). Tiempo después, los romanos adoptaron otra religión, el cristianismo, en la época del emperador Constantino (siglo IV), apareciendo por primera vez la navidad como una festividad cristiana, en la que se pretendía mostrar a Jesucristo como el verdadero sol invicto. Se adaptó entonces la festividad del Sol Invictus del 25 de diciembre en la figura del nacimiento de Jesús. Así que, fueron los romanos los que, en su expansión territorial, llevaron la festividad de la navidad a muchas regiones de Europa, entre ellas España, y los españoles la trajeron a México. Cabe mencionar que, sobre la fecha del nacimiento de Jesucristo, en realidad, la Biblia no proporciona ninguna información al respecto, ningún dato, ninguna fecha. Bueno, ni siquiera los primeros cristianos (que llaman “primitivos”, del siglo I al III) celebraban el nacimiento de Jesús.

Pero no era necesario que los españoles nos trajeran la navidad, aquí en México ya se realizaba, y también en los últimos días de diciembre. El nacimiento del niñito precioso mexicano, Xiuhpiltontli –convertido en Huitzilopochtli–, “coincidió”, con el nacimiento de otro niño, del niño Jesús de la religión cristiana.

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Cuando los religiosos españoles observaron que los antiguos mexicanos celebraban una festividad religiosa en la que se conmemoraba el nacimiento de un “dios” a finales de diciembre y que a es dios llamaban “niñito”, buscaron entonces la estrategia religiosa para adaptar el culto a ese niñito sol y convertirlo en el niño Jesús. Realizaron su labor de evangelización y conversión (no siempre pacífica) para que la sociedad nahua –y otras sociedades indígenas que compartían la misma cosmovisión–, terminaran aceptado la adoración al “niño Jesús”, al “verdadero” “niño dios”. Coincidían, entonces, los nacimientos en la misma época del año, aunque en realidad, como ya vimos, no es una “coincidencia”, pues provienen, ambos nacimientos, de una celebración muy antigua, astronómica: el solsticio de invierno.

Por último, sobre el arbolito de navidad, ese árbol al que se le cuelgan varios adornos en la época navideña, ¡también ya lo teníamos! Sólo que en lugar de esferas se les colgaban pequeñas banderitas o papel de colores. Cito unas palabras del fraile dominico fray Diego Durán que habla de esta antigua “superstición” mexicana de colgarle objetos a un árbol:

“Había otra superstición y el día de hoy la he visto en algunas partes…que nunca acaban de desechar perfectamente de desarraigarse de estas ceremonias y bajezas tan sin fundamento. La ceremonia era que a todos los árboles frutales y plantas ponían este día unas banderetas pequeñas: a los cerezos, a los zapotes de todo género, a los aguacates, a los guayabos, a los ciruelos, a los tunales, a los magueyes, et. En fin, a todos los árboles ponían estas banderetas.”[8]

 

 

Notas:

[1] Los españoles del siglo XVI casi nunca pudieron pronunciar bien las palabras mexicanas, muestra de ello es que Huitzilopochtli lo dijeran como “huichilobos” o, en este caso, “uchilogos”. Historia de los mexicanos por sus pinturas, Capitulo 11, p. 93, https://revistas.inah.gob.mx/index.php/anales/article/download/6489/7330, Dic-2016

[2] Fray Bernardino de Sahagún, Historia General de las Cosas de Nueva España, México, Editorial Porrúa, 2006, p.185

[3] Eduard Seler, “Los cantos religiosos de los antiguos mexicanos”, en, Estudios de Cultura Náhuatl, No. 47, Enero-Junio 2014, UNAM, p. 261

[4] Gabriel Kenrick Kruell, Panquetzaliztli. El nacimiento de Huitzilopochtli y la caída de Tezcatlipoca, http://www.iifilologicas.unam.mx/estmesoam/uploads/Vol%C3%BAmenes/Volumen%2010/panquetzaliztli-nacimiento-huitzilopochtli.pdf, 14 Diciembre 2016.

[5] Fray Bernardino de Sahagún, Op. cit., p. 185

[6] https://es.wikipedia.org/wiki/Solsticio_de_invierno 20 Diciembre 2016

[7] Idem

[8] Fray Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e Islas de la Tierra Firme, México, Editorial Porrúa, Tomo I, 2006, p. 284

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