Xiuhtecuhtli. El Señor del Fuego

Por: Karloz Miranda Yaoehecatl

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Desdoblamientos del Principio Creador, del principio dual o supremo –como lo indica Miguel León-Portilla–, estos desdoblamientos dan forma a las diferentes facetas de la Energía Creadora, de Ometetol.[1] No es que existieran muchos “dioses” en el México antiguo, es que muchos de esos “dioses” son sólo aspectos diferentes, facetas, de la misma fuente de energía creadora. Así tenemos que Ometeotl se desdobla en cuatro energías, fuerzas cósmicas fundamentales, o divinidades, que son: Quetzalcoatl, Tezcatlipoca, Xipe-Totec y Huitzilopochtli. Y estas fuerzas a su vez se desdoblan para crear y dar vida a las diferentes fuerzas y elementos de la naturaleza, con otros aspectos, con otras formas, con otras facetas. De este modo, diferentes nombres que pudieran parecer indicar diferentes “dioses” son en realidad, solamente, diferentes advocaciones de la misma fuerza, energía o elemento de la naturaleza. Así, tenemos que, varios nombres están relacionados con alguna divinidad o fuerza inmediata superior, es decir, con la fuente de energía, o desdoblamiento, de la cual proceden: Ejemplo de ello son los nombres de Xochipilli, Xochiquetzalli, Macuilxochitl, Xipe-Totec y Tlaloc –entre otros–. Todos ellos se vinculan y son facetas diferentes de la misma fuerza creadora. En este caso, todos estos nombres refieren al florecimiento, al crecimiento de las plantas, y del verdor de los campos, valles y montañas.

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En ese contexto, y en ese nivel de comprensión, el Principio Supremo Dual, entre sus múltiples desdoblamientos creadores, ha creado o se ha desdoblado también en Tonatiuh (el Sol), o Totahtzin Tonatiuh –nuestro padre el sol, como lo llamaban los antiguos mexicanos– y que también fue nombrado como Iztacuauhtli (el Águila Blanca), Tonametl (Rayo de Luz), Xiuhpiltontli (el Niñito Precioso), Cuauhtlehuani (el Águila que Asciende) –otro ejemplo de diferentes advocaciones o nombres para una misma divinidad–. Así, Tonatiuh sería una representación en menor escala de la Energía Suprema Creadora: Ometeotl. Pero, en la cosmovisión de los antiguos mexicanos, estas fuerzas o estos desdoblamientos tienen también la capacidad de desdoblarse a si mismos creando a su vez desdoblamientos o fuerzas menores. De esta manera, Tonatiuh se desdobla en Xiutecuhtli: el Señor del Fuego.

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Xiuhtecuhtli es entonces un desdoblamiento de Tonatiuh, e igual que la fuente de energía de la cual emana, produce calor y luz. Es Xiutecuhtli una representación en pequeño de Tonatiuh, y es Tonatiuh una representación en pequeño de Ometeotl, un desdoblamiento de él. Entonces se comprende porque el Fuego era tan reverenciado y sagrado en las ceremonias de los antiguos mexicanos. El fuego no solamente era valorado porque cosía, asaba y tostaba los alimentos, y porque protegiera del frío, era reverenciado (no idolatrado) por su conexión, por su relación, con la Energía Creadora: Ometeotl[2]

Xiuhtecuhtli, como todas las otras divinidades, también recibía varios nombres: Ixcozauhqui (Rostro amarillo), Cuezaltzin (llama de fuego), Tlalxictenticah, Nauhyohuehueh, Huehueteotl (Energía antigua).

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La ceremonia a Xiuhtecuhtli se celebraba en la veintena de Izcalli, que era el décimo octavo mes del calendario solar o civil llamado Xiuhpohualli. La imagen del Señor del Fuego era atuendada con la vestimenta del Tlahtoani en turno. Se le colocaba su tilma, su maxtla, su xiuhuitzolli (corona) sus insignias. Se hacia una gran hoguera en la cual se ofrendaba copal y quiltamalli (tamales de quelites). Toda comida se ofrecía siempre primero al fuego, a Xiuhtecuhtli. El octli o neuhtli (pulque) antes de beberlo se ofrendaba a los cuatro rumbos de la hoguera. Los tlamacazqueh (hombres que sirven a la divinidad, o religiosos, o “sacerdotes”) llamados ihuehueyohuan (sus ancianos) cantaban y danzaban todo el día alrededor del fuego y frente a la figura de Xiuhtecuhtli. Cada cuatro años, en esta ceremonia, el Tlahtoani y los Tecuhtlahtoque (los grandes señores) y las personas más ilustres del señorío, hacían una danza de “gran solemnidad y gravedad” que se llamaba netecuitotiliztli que quiere decir, “danza de los señores”. También, cada cuatro años se presentaban los niños frente a Xiuhtecuhtli y se les permitía beber octli, esta era su primera vez. Llamaban a esta ceremonia: Pilaoano o Pilahuano (Bebida para los niños). No se piense que esto era para emborrachar, embriagar o inducir a los niños al “mal vicio”, era una ceremonia, y en el marco de un lenguaje simbólico, esto era para presentar a los niños frente al Señor del Fuego y agradecer por su crecimiento y desarrollo, tanto del cuerpo físico de los pequeños como de su Tonalli (su pequeño fuego, en su interior). También era el primer ofrecimiento de sangre, ya que se perforaban las orejas de todos los niños. [3]

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Xiuhtecuhtli portaba un bastón de mando, un “cetro” llamado tlachialoni (mirador) el cual tenia una apertura, un orificio, en la parte superior. Y se decía que a través del “ojo” del tlachialoni, Xiuhtecuhtli lo veía todo.

 

 

[1] Miguel León-Portilla, La Filosofía Nahuatl, Estudiada en sus Fuentes, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2006, pp. 154-163

[2] “El señor del fuego y del año: Xiuhtecuhtli. Es éste otro título de Ometéotl.” Miguel Léon-Portilla, Op. cit., p. 94

[3] Fray Bernardino de Sahagún, Historia General de la Cosas de Nueva España, México, Editorial Porrúa, 2006, pp. 37, 90, 146

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