El Tonalli de Netzahualcoyotl

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¿Alguna vez te has sentido derrotado? ¿Alguna vez lo has perdido todo? ¿Te has sentido frustrado o deprimido por no conseguir lo que querías o por no concluir algún proyecto, alguna meta? O peor aún, ¿alguien te ha quitado todo lo que tenias, lo que querías? La vida nos pone obstáculos, pruebas muy duras, algunas muy difíciles de superar, otras nos parecen imposibles. ¿Cuántas veces hemos sentido que perdimos algo o a alguien muy importante y ya no nos recuperamos de esa pérdida? Duele perder algo que se quiere… duele perder a alguien que se ama.

Pues bien, déjame contarte la historia de un hombre que perdió todo lo que amaba. Mataron a su padre delante de sus ojos cuando apenas era un adolescente. Asesinaron a toda su familia, a sus seres queridos: hermanos, primos, tíos. Le quitaron su casa y todas sus posesiones, destruyeron su mundo, y más que eso, le quitaron su vida. Fue perseguido, a su cabeza le pusieron precio. Los mercenarios siempre estuvieron acechándolo. Vivió escondido, huyendo, siempre con la posibilidad cercana de encontrar la muerte, de ser asesinado.¿Cuál fue su delito? Ser el hijo del rey de Tetzcoco y heredero de la corona, su nombre: Netzahualcoyotl.

Netzahualcoyotl nació en Tetzcoco en 1402. Su padre fue Ixtlilxochitl, el rey, o mejor dicho, el Tlahtoani, gobernante y señor de esa región. Tetzcoco era un reino floreciente, con un gran desarrollo urbano y económico. Impulsaba las artes, la educación, el conocimiento astronómico y arquitectónico. La riqueza de sus tierras le permitía tener una gran producción de granos y plantas. Tetzcoco era rico en flora y fauna. Siendo el hijo de un tlahtoani, Netzahualcoyotl recibía la educación propia de un noble, de un pilli, destinado a ser gobernante.

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En ese tiempo gobernaba en el centro de México, Tezozomoc, el tlahtoani de Azcapotzalco. Azcapotzalco era el centro de poder de aquel tiempo, económica y militarmente. Viendo que el señorío de Tetzcoco crecía y que no se sujetaba a todos sus requerimientos, decidió declararles la guerra. Tezozomoc invadió Tetzcoco, quemó el palacio real y mató a todos sus habitantes. Ixtlilxochitl intentó huir llevándose consigo a su hijo Netzahualcoyotl. Pronto fueron alcanzados por el ejercito enemigo. Entonces, Ixtlilxochitl escondió a Netzahualcoyotl entre las ramas de un árbol y le dijo que, viera lo que viera, lo que presenciara, que no gritara, que no hiciera ningún ruido, que debía permanecer callado, oculto, que debía sobrevivir. Ixtlilxochitl sabia que su hijo significaba la única esperanza de su destruido reino. Así, escondido en un árbol por su propio padre, Netzahualcoyotl observó como su padre y su guardia real lucharon hasta el último suspiro contra las huestes de Azcapotzalco, los tepanecas, quienes los superaban en número. Tuvo que presenciar –con la impotencia de no poder hacer nada, con el grito ahogado en su garganta, con dolor y en silencio para no ser descubierto–, el asesinato de su padre.

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Tezozomoc se apoderó de todo el señorío de Tetzcoco. Sabedor de que existía un heredero al trono de ese lugar, mandó buscar al joven príncipe para asesinarlo. A su cabeza le puso precio y muchos mercenarios intentaron encontrarlo.

Netzahualcoyotl estuvo escondiéndose, huyendo de quienes intentaban asesinarlo. En ocasiones se disfrazaba de campesino, de cargador, de mercader o de gente muy humilde o sencilla para pasar desapercibido. Procuraba no llamar la atención y mantenerse con vida, pues en lo más recóndito de su ser mantenía la esperanza y anhelaba volver a recuperar su tierra, su señorío, su reino. Después de un tiempo, encontró refugio en Tenochtitlan, con unas tías que vivían ahí, hermanas de su madre, de origen mexica. Las tías, aprovechando su posición social, decidieron ir a hablar con el tlahtoni de Azcapotzalco y le solicitaron, le rogaron, a Tezozomoc que le perdonara la vida y que ellas le garantizaban que su sobrino jamás regresaría a Tetzcoco. Tezozomoc accedió con esa condición, sin embargo, en la mente del señor de Azcapotzalco se mantenía la idea de matar a Netzahualcoyotl, pues sabia que mientras el príncipe continuara con vida, existía el riesgo de una rebelión. Tezozomoc se hizo viejo y enfermó, y su muerte se acercó; antes de morir, llamó a sus hijos, entre ellos Maxtla –el futuro heredero del trono y del reino de Azcapotzalco–, y les pidió que mataran a Netzahualcoyotl.

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Tezozomoc murió e iniciaron las ceremonias luctuosas correspondientes a la muerte de un monarca. Era regla general que cuando un monarca, un tlahtoani, moría, se detenían todo tipo de actividades, incluso las hostiles, y se permitía a los enemigos el libre tránsito entre las ciudades para ir a ofrecer una ofrenda al tlahtoani fallecido. Netzahualcoyotl aprovecho el momento. Este fue el acto de osadía que más irritó a los de Azcapotzalco. Netzahualcoyotl se presentó en la ceremonia luctuosa de Tezozomoc, sabiendo que era odiado y buscado para ser asesinado, se atrevió. Netzahualcoyotl se valió de las normas y del respeto a esas normas sociales para hacer acto de presencia. Ahí estuvo Netzahualcoyotl, en el palacio real de Azcapotzalco, rodeado de los guerreros tepanecas y de los hijos de Tezozomoc, de pie frente al cadáver del monarca, mirando el cuerpo inerte del hombre que le arrebató y destruyó su mundo, mirando el cuerpo inerte del asesino de su padre. Por la mente del príncipe tetzcocano pasaron muchos recuerdos, pensamientos y emociones, pero sólo uno retumbaba con fuerza, recuperar lo que le habían quitado: su reino, su mundo, su vida.

La presencia de Netzahualcoyotl en el palacio de Azcapotzalco conllevaba una fuerte carga simbólica. Así, en ese lenguaje simbólico, el príncipe de Tetzcoco les decía: “aquí estoy, sigo vivo, y luchare por recuperar mi reino”.

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Maxtla intentó en varias ocasiones asesinar al príncipe tetzcocano, pero Netzahualcoyotl siempre salio ileso, ya porque le avisaban con anticipación de los planes de Maxtla para matarlo o porque alguien daba incluso su vida para salvar al príncipe de Tetzcoco.

Todo en la vida tiene su momento, y el momento que esperaba Netzahualcoyotl llegó. Los tepanecas cometieron un grave error. Molesto Maxtla por no poder asesinar a Netzahualcoyotl, decidió castigar y descargar su furia y venganza contra la población de Mexihco-Tenochtitlan, asesinando a su tlahtoani, Chimalpopoca. Maxtla consideraba que Chimalpopoca y la nobleza mexihca-tenochca estaban ayudando y protegiendo a Netzahualcoyotl.

Los mexicas, o mexihtin, no permitieron esa afrenta. Para entonces, los mexicas se habían consolidado como un ejercito fuerte y poderoso. Indignados por el asesinato de su señor Chimalpopoca, se rebelaron, rompieron sus relaciones con Azcapotzalco y se armaron con sus arcos, flechas, lanzas, escudos, macuahuitl, he iniciaron la guerra contra Maxtla. Nezahualcoyotl se unió al coraje y al ímpetu de los mexicas y luchó junto con ellos para derrotar a la poderosa ciudad de Azcapotzalco. El ejercito aliado de mexicas y tetzcocanos (alcohuas) comandados por Itzcoatl, Motecuhzoma Ilhuicamina, Tlacaelel y Netzahualcoyotl lucharon contra el –hasta entonces– invencible ejercito tepaneca.

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Después de varias batallas, el ejercito aliado logró entrar al mismo corazón de Azcapotzalco. Netzahualcoyotl entró al palacio real buscando a Maxtla. El señor de Azcapotzalco por fin pudo ver a su enemigo, a su odiado rival, y enfrentarlo cuerpo a cuerpo. Netzahualcoyotl enfrentó en ese combate no sólo a Maxtla sino todo su pasado, su destierro, sus sufrimientos, su dolor… el momento había llegado. Con sus propias manos, Netzahualcoyotl le arrancó la vida a Maxtla, y con ello recuperó Tetzcoco, su trono, su mundo, su vida.

 

Netzahualcoyotl lo perdió todo siendo un adolescente, fue testigo del asesinato de sus padres, de su familia y de la destrucción de su reino. Sin embargo, pese haberlo perdido todo y el dolor y sufrimiento que esto le causo, hubo algo que no perdió, que no murió, que se anido en el interior de su ser, y se llamó: esperanza. Esto es algo que no podemos darnos el lujo de perder, porque cuando la esperanza se pierde, entonces si, ya no hay absolutamente nada que hacer, estamos muertos en vida. Fue la esperanza lo que le dio a Netzahualcoyotl la fortaleza, la tenacidad, el coraje, la voluntad y la fe para recuperar todo lo que le habían quitado y perdido. También la esperanza alimentó el instinto de supervivencia de Netzahualcoyotl. Él luchó por sobrevivir, sabía que debía hacerlo, y sobreponerse a todas las circunstancias adversas, por muy difíciles y fuertes que éstas fueran.

Otra de las enseñanzas de esta historia es la obediencia. Netzahualcoyotl obedeció a su padre cuando éste le dijo, “quédate en el árbol y no hagas ruido”, para que no lo descubrieran. Pese a lo que presenció, Netzahualcoyotl se mantuvo callado. Es importante saber guardar silencio en ocasiones, aunque no nos guste lo que estamos oyendo o presenciando, ya llegará el momento adecuado para hablar, para actuar. Netzahualcoyotl obedeció y trato de mantenerse con vida. ¿Usted no cree que Netzahualcoyotl hubiera deseado bajar del árbol y defender a su padre que lo estaban asesinando? Pero obedeció la orden dada por él. Y después, intento sobrevivir.

Cuantas veces hemos visto personas que al perder algo o a alguien han pensado en quitarse la vida. La tristeza o la depresión nos abruma, llevando a mucha gente a la puerta falsa del suicidio o de las drogas (que es lo mismo). Si estamos pasando por un muy mal momento, hay que intentar sobrevivir y sobreponerse. Netzahualcoyotl huyo de la muerte, se alejó de ella, y es lo que tenemos que hacer, y no hacer cosas que nos acerquen a ella, como tomar algún vicio, como el alcohol, el cigarro o las drogas, que te destruyen y te van matando poco a poco. Tampoco debemos quedarnos inactivos o no hacer nada, hay que buscar alguna actividad, ocuparnos en algo. Netzahualcoyotl, lejos de pensar en el suicidio o deprimirse, se activó, preparó su cuerpo, su mente, se ejercitó, busco alianzas; estuvo moviéndose, no se quedo fijo en ningún lugar, la movilidad lo mantuvo con vida.

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Otra cosa importante que podemos observar de la experiencia de vida de Netzahualcoyotl, es que, después de esconderse y mantenerse con vida, buscó crear vínculos con las personas adecuadas. Encontró apoyo con familiares y se alió con los mexicas. Es importante que en nuestra vida establezcamos vínculos y alianzas, relaciones de amistad, con las personas adecuadas. No siempre sabemos hacer esto, y en muchas ocasiones elegimos equivocadamente, y tenemos “malos amigos” o personas que tienen una influencia negativa en nuestra vida, o fomentan nuestros malos hábitos o vicios. Debemos saber elegir aquellas personas que pueden ser buenos amigos, buenos compañeros, que nos ayudan a crecer como personas, que nos impulsan a crecer como individuos y que nos dicen los errores que cometemos. Hay que saber establecer vínculos, alianzas de amistad, de fraternidad, de unión; estar sólo nunca ha sido bueno. Netzahualcoyotl entendió muy bien esto y buscó crear lazos de amistad que lo fortalecieran. ¿Usted cree que Netzahualcoyotl lo hubiera logrado sólo?

En ciertos momentos hay que saber ser osados, ser valientes. Hay que atreverse a afrontar situaciones difíciles o peligrosas con valentía. Tal y como lo hizo Netzahualcoyotl cuando fue al funeral de Tezozomoc, poniéndose a la vista, en riesgo y en medio de todos sus enemigos. El miedo es algo que nos paraliza, que no nos deja actuar, nos mantiene inmóviles. Hay que quitarnos ese miedo que nos impide movernos, llenarnos de valentía y actuar. Salir del lugar donde estamos escondidos y mostrarnos al mundo y decir “aquí estoy”, tal y como lo hizo Netzahualcoyotzin. Hay que tener seguridad, convicción, de que vamos a salir adelante, de que lo vamos a hacer, y para hacerlo, hay que ser osados.

Pero cuidado, hay que saber elegir el momento adecuado, ser oportuno, y esto nos lleva a otra virtud que tuvo Netzahualcoyotl: la paciencia. El príncipe tetzcocano supo esperar el tiempo suficiente para hacer acto de presencia y recuperar todo lo que había perdido. No se dejó llevar por aquellas emociones que hubieran hecho que perdiera el control de sí (rencor, odio, venganza), que le hubieran hecho perder el control de la situación, no fue impulsivo, supo esperar a que las condiciones le fueran favorables, fue paciente, muy paciente, esperó el momento adecuado para enfrentarse a sus enemigos, el momento adecuado para enfrentar a Maxtla. Así debemos ser, saber esperar el momento adecuado para muchas cosas en nuestra vida, no ser impulsivos, no dejarnos llevar por arrebatamientos de los cuales luego podamos arrepentirnos. Todo tiene su momento, su tiempo, su espacio, sólo hay que saber esperar, saber ser pacientes.

Hay que estar preparados para saber que hacer y cómo actuar cuando llegue ese momento o momentos en nuestra vida. La preparación consiste en reflexionar, analizar, planear, ejercitar tu cuerpo y tu mente. Que todo tu ser este listo para lo que esta por venir. Y no olvides, crear vínculos de amistad con las personas adecuadas.

Por último, cuando llegue el momento, aquello por lo que tanto te preparaste, no dudes, se firme, actúa con decisión, y con tus propias manos reconstruye tu tonalli, y recupera lo que es tuyo, lo que por derecho te pertenece: tu vida.

Por: Yaoehecatl KM

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