Creencias y presagios de los antiguos mexicanos

El Cuatepoxtle o Youaltepuztli

Hacha Nocturna 03

De entre los muchos testimonios que recolectaron los frailes –sobre todo franciscanos y dominicos–, de los antiguos mexicanos sobre sus creencias y formas de vida, destacan los que recolectó fray Bernardino de Sahagún. El libro quinto de su Historia General trata sobre los “agüeros y pronósticos”, aquellas manifestaciones naturales que los mexicanos interpretaban como señales o presagios de algo que estaba por acontecer o de “algo” o “alguien” que se manifestaba en su entorno. Muchas de estas antiguas creencias son consideras actualmente como “supersticiones”, es decir, que no tienen fundamento racional, además de que dichos eventos sobrenaturales proporcionarían la creencia en la buena o mala suerte. Sin embargo, muchas de estas “supersticiones” perviven, continúan vigentes, en muchos pueblos y comunidades indígenas de México, incluso entre los citadinos. Por supuesto, algunas se perdieron con el paso de los siglos, pero otras han sobrevivido hasta nuestros tiempos.

Entre los actuales montañistas de México, existe la creencia de un ser que se aparece en la montañas, sobre todo en las noches y en lugares donde ya no hay árboles o vegetación, es decir, por arriba de los 3,500 msnm aprox. Este ser “enano y colorado” se le conoce con el nombre de “cuatepoxtle”. Se dice que ya entrada la noche, cuando todos están descansando o durmiendo, se escucha el sonido de alguien que esta talando un árbol, el sonido de los golpes de una hacha contra un tronco, incluso se escucha el sonido cuando “cae” el árbol. Lo extraño es que no hay árboles en la zona, por la altura que ya se mencionó, sólo hay rocas, piedra, gravilla, un lugar terregoso. Varios son los montañistas que han escuchado los golpes del hacha en la noche, y otros tantos que dicen haber visto la “criatura” saltando entre las rocas.

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A continuación, lo que el monje franciscano, fray Bernardino, recogió de los antiguos mexicanos:

“Del agüero que tomaban cuando oían de noche algunos golpes, como de quien está cortando madera”

“1.- Cuando alguno de noche oía golpes como de quien corta leña, tomaba mal agüero; a éste llamaban youaltepuztli, que quiere decir hacha nocturna;

2.- por la mayor parte este sonido se oía al primer sueño de la noche, cuando todos duermen profundamente y ningún ruido de gente suena; oían este sonido… [los] ministros del templo, que se llamaban tlamacazque.

3.- Éstos tenían por costumbre de hacer este ejercicio o penitencia de noche, que es lo profundo de la noche; iban a hacer estas ofrendas a los lugares acostumbrados de los montes comarcanos, y cuando oían golpes como de quien hiende madero con hacha, lo cual de noche suena lejos, espantábanse de aquellos golpes y tomaban mal agüero.

4.- Decían que estos golpes eran ilusión de Tezcatlipoca, con que espantaba y burlaba a los que andaban de noche;

5.- y cuando esto oía algún hombre animoso y esforzado, y ejercitado en la guerra, no huía, mas antes seguía el sonido de los golpes hasta ver qué cosa era, y cuando veía algún bulto de persona corría a todo correr tras él, hasta asirle y ver qué cosa era.

6.- Dícese que el que asía a esta fantasma con dificultad podía aferrar con ella, y así corrían gran rato andando a la sacapella, de acá para allá, cuando ya se fingía cansada la fantasma, esperaba al que la seguía, (y) entonces parecía al que la seguía que era un hombre sin cabeza, que tenía cortado el pescuezo como un tronco, y el pecho teníale abierto y tenía a cada parte como una portecilla, como que se abrían y cerraban juntándose en el medio y, al cerrar, decían que hacían aquellos golpes que se oían lejos;

7.- y aquel a quien había aparecido esta fantasma, ora fuese algún soldado valiente, o algún sátrapa [sacerdote] del templo animoso, en asiéndola y conociéndola por la abertura del pecho veíale el corazón y asíale de él, como que se le arrancaba tirando:

8.- estando en esto demandaba a la fantasma que le hiciese alguna merced, o le pedía alguna riqueza, o le pedía esfuerzo y valentía para cautivar en la guerra a muchos, y algunos dábalos esto que pedían y a otros no los daba lo que pedían, sino lo contrario, que era pobreza y miseria y malaventura; y así decían que en su mano estaba de Tezcatlipoca dar cualquier cosa que quisiese, adversa o próspera.

[…]

14.- y si aquel que oía estos golpes nocturnos era algún hombre de poco ánimo y cobarde, ni la perseguía ni iba tras ella, sino temblaba de temblor y cortábase de miedo, echábase a gatas porque ni podía correr ni andar; no pensaba otra cosa más de que alguna desgracia le había de venir por razón del mal agüero que había oído…”

Hacha Nocturna

 

Fuente: Fray Bernardino de Sahagún, Historia General de las Cosas de la Nueva España, México, Editorial Porrúa, 2006, pp. 263-264

Por: Yaoehecatl KM

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