Unión de 100 mujeres indígenas nahuas crean hotel cooperativo

Convertido en una fuente de ingresos para 100 mujeres indígenas nahuas y sus respectivas familias, el Hotel Taselotzin, un hotel cooperativo, autogestionado y horizontal en su estructura y organización, ubicado en la Sierra Norte de Puebla, representa el fruto más evidente de la colectiva de mujeres, Masehual Sihuamej Mosenyolchicauanij (mujeres que trabajan juntas).

nota1bTaselotzin fue bautizado desde hace más de 20 años como un hotel “con corazón indígena”, se creó con la intención de evitar migraciones “En una reunión de consejo nos planteamos este sueño, porque lo que queríamos era tener nuestros propios recursos, o sea no tener que andar pidiendo a una institución. Siempre nos ha preocupado generar empleo para que nuestra gente siga en la comunidad. Si la gente sigue, siembra en el campo lo que necesita para la familia pero si se van los señores, o los hijos, se va perdiendo este amor a la tierra o la mujer se queda con toda la carga y entonces es difícil hacer todo”, explica Rufina Edith Villa, mujer indígena náhuatl y administradora del hotel.nota1

Ubicado a unas cuadras del centro de Cuetzalan, este estupendo lugar cuenta con habitaciones, sencillas, limpias y con vista a la montaña o a Cuetzalan, el pueblo mágico, es visitado por estudiantes, organizaciones y turistas. Para su construcción fueron empleadas 50 personas de la misma comunidad y cada una de las socias aportó 10 días de trabajo.

Cuetzalan, un lugar donde casi todo el año llueve, las integrantes de Taselotzin en 1985, hicieron el intento por vender sus artesanías, principalmente telares de cintura cestos de jotones, pero se enfrentaros a diversos problemas, para enfrentarlos se enseñaron a leer y a escribir unas a otras, se capacitaron en la producción de textiles, aprendieron sobre Derechos Humanos, “Nosotras nunca habíamos escuchado hablar de nuestros derechos, nos llamó la atención y formamos un grupo de promotoras, se hicieron talleres, y se fue enfocando más hacia el derecho de las mujeres”, recuerda Rufina.

Con esto, las mujeres hicieron cambios importantes en sus vidas. “Rompimos con la costumbre de que la mujer tenía que estar sólo en la casa, ir al campo a dejar la comida, a trabajar con el marido, venir cargando la leña, hacer todo el quéhacer, desgranar el maíz, atender a los enfermitos, a los abuelitos, pero no ir a una reunión, fue un cambio fuerte, tanto la comunidad como la familia lo veían mal”, a raíz de esto, y con apoyo de los talleres, hubo una nueva forma de educar a los hijos, “les enseñamos a los niños que aprendieran a lavar un traste, a lavar su ropa, a barrer la casa, que antes sólo era el quéhacer de las niñas, entonces a la niña la privábamos de todas las libertades y juegos y el niño tenía toda esa libertad”.

En esta localidad, y con con el producto de sus esfuerzos, han logrado grandes cambios en sus vidas, como por ejemplo, las viviendas, “ahora no decimos que tenemos una mansión, siguen siendo viviendas humildes pero protegedoras del frío, ya no se nos mete el agua porque ya las hicimos de material, con su pisito, hemos trabajado en ello y eso nos hace sentir bien”, dice la integrante de Masehual Sihuamej Mosenyolchicauanij.

nota1cEn Cuetzalan, se produce una bebida de caña y yerbas de nombre Yolixpa, significa “medicina del corazón”, para todo lo demás las mujeres siguieron los conocimientos de las abuelas e hicieron su temazcal y herbolaria. “Hemos ido retomando mucho de las enseñanzas de nuestras abuelas y abuelos. La herbolaria, el masaje y el temazcal son las formas de curarnos de nosotros los indígenas”, ya que la herbolaria no se ha perdido, más bien no ha sido valorada “pero nosotros le vemos muchas ventajas, no tiene químico y nos ayuda a que nuestro organismo no sufra reacciones”, asegura Rufina

Las y los lugareños, conocen muy bien las plantas medicinales, aprendieron a aplicarlas en tinturas, maceradas, en jabones, en unciones “para la artritis y desinflamar las várices”, en jarabes y hasta en vino “para curar el susto”. Se aprovechan las plantas de temporada “y las podemos tener en un frasquito o gotero para cuando se necesiten”. También los reservan para venderlos a quienes visitan el Hotel, así como champús de la cooperativa Tosepan, jabones y cremas, que hacen a partir de la miel de la abeja melipona, la que no pica.

Taselotzin o “lo que da la Tierra”, “Este lugar tiene que ver con la naturaleza, el hotel es una planta, si no la cuidamos se puede acabar”, dice Rufina.

Fuente: SanBorondon.com

 

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