Celebración de año nuevo, en las culturas indígenas.

Las culturas antiguas de México desarrollaron sus formas de medir el tiempo y de contabilizarlo a través de complejos y exactos calendarios. Registraban en sus calendarios todos los fenómenos naturales observados: el movimiento de los astros, equinoccios, solsticios, épocas de sequía y de lluvias, de siembra y de cosecha, de frío y calor, etc. Y con todos estos elementos observables de la naturaleza, además de registrarlos en el tiempo y crear sus calendarios, crearon junto con todo ello, ceremonias, rituales, cantos y danzas. Fueron creando a través del tiempo los elementos necesarios para conformar una religiosidad festiva muy compleja y elaborada. Hay que resaltar aquí el término “festivo” pero no en un sentido únicamente mundano (material), sino con una connotación religiosa, ceremoniosa. Es por eso que muchos estudiosos de las culturas antiguas cuando refieren a sus calendarios y a las ceremonias o rituales que éstas hacían durante los “meses” o periodos de tiempo que tenían registrados, se refieren a ellas como “festividades religiosas” o “ceremonias festivas”.

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Con la llegada de los españoles y la imposición de su religión católica, las ceremonias de las culturas antiguas de México sufrieron muchos cambios. Algunas costumbres o tradiciones religiosas desaparecieron por considerarse actos herejes, otras tuvieron que adaptarse a la nueva religión para sobrevivir, fue así como nació el sincretismo cultural y religioso.

Las formas de los rituales y las ceremonias antiguas cambiaron, no así la idea o el sentido de “festividad”, pues la iglesia católica también era una religión llena de muchas “festividades”, también ellos tenían un calendario lleno de muchos “santos” que “celebrar”, es decir, también tenia la iglesia católica su calendario de “festividades religiosas”. Así que, las poblaciones indígenas adoptaron el calendario occidental o gregoriano y también adaptaron en este calendario algunas (o muchas) de sus antiguas creencias.

Así pues, las poblaciones indígenas se adaptaron en la forma a las festividades cristianas, sin embargo, muchas de ellas no perdieron algunos elementos de su “antigua religión” como decían los frailes que llegaron a evangelizar a este “nuevo” continente. Como decíamos, hubo un sincretismo religioso de elementos prehispánicos con elementos católicos; este sincretismo fue diferente, según se adaptó cada población indígena, en diferentes regiones o localidades. Otro factor que influyó fue el tiempo. No es el mismo sincretismo religioso a inicios de la época colonial –cuando la iglesia católica tenia operando el “Santo Oficio”, una rama de la “Santa Inquisición” en México–, que en la época independiente o en actual México contemporáneo. La época presente permite una mayor libertad de culto, de creencias, y de practicas religiosas, por tal razón, muchas poblaciones indígenas han retomado sus ritos y ceremonias antiguas.


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Actualmente, algunas poblaciones indígenas han sincretizado sus ritos o ceremonias propias con el festejo del año nuevo gregoriano. Así, encontramos poblaciones indigenas “celebrando” el año nuevo de las siguientes maneras:

“Cada fin de año, documenta la CDI, se llevan a cabo ritos como el cambio de poderes, de varas o de bastones de mando; además, los huicholes de Jalisco y Nayarit hacen numerosos rituales, que se prolongan por seis días, para conmemorar la renovación de poderes.

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Entre los tzotziles y tzeltales de Chiapas, se hace ‘El cambio de bastón’ de las autoridades civiles y religiosas del pueblo.

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Pueblos originarios, como los zapotecos del Istmo, celebran sus velas o ‘veladas’, calendas y tiradas de frutas en los diferentes pueblos que conforman esta región. Al finalizar el año se dan dos manifestaciones peculiares: el regalo de los Tanguyu y la elaboración de El viejo.

Tanguyu, entre los zapotecos, consiste en regalar a los niños y niñas muñecos de barro, caballos con jinetes para ellos, muñecas con faldas de campana con bebés en los brazos y canastas de frutas sobre la cabeza, ollas, molcajetes y platos diminutos para ellas.

La elaboración de El Viejo por los niños, usando ropas viejas y los huaraches más antiguos que han sido usados durante todo el año, por cabeza se le coloca un coco, se le rellena de elotes y cohetes, se le pone un sombrero y un cigarro

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En la mayoría de las regiones donde hay esta tradición el muñeco es acompañado de músicos y de una comparsa o puesta en escena con personajes simbólicos como la viuda, la plañidera o el diablo.

También, en muchos barrios, antes o después de la quema, se lee un ‘testamento’, que irónicamente hace recuento de los sucesos que caracterizaron el periodo que acabó y da recomendaciones para el nuevo año.

En México es muy común la elaboración y quema de efigies del Año viejo y de lo negativo en Veracruz, Oaxaca, Chiapas y Tabasco, en el Distrito Federal se conserva la tradición sobre todo entre los inmigrantes de dichos estados.

También se pasea por las calles acompañado de una comparsa compuesta por una viuda embarazada (que dará a luz al Año nuevo), una rumbera y un pequeño grupo musical.

En Veracruz, los indígenas mixe-popolucas realizan una danza que es conocida con el nombre de El Chenu, lo acompaña una comparsa de niños y jóvenes disfrazados de diablos con ropa de color rojo, máscaras con cuernos, cola y un trinche largo construido de madera. Igual que en ciertos países andinos algunos participantes también se disfrazan de viudas, vestidos de negro y semejando estar embarazadas, y su papel es plañir estribillos y llorar a la hora en que se quema el Chenu.

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Entre los mayas de lengua achí, el año nuevo se festeja entre enero y febrero y los nombres de los años y meses pueden diferir.

Los chamulas de las altas montañas de Chiapas, autonombrados hijos de San Juan; celebran además el final de cada año agrícola, con un vistoso carnaval para ayudar a renacer el Sol y el advenimiento de un nuevo ciclo calendárico maya.

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Otra de las actividades de este día son las montadas de Toro, en la que sacan a correr entre la muchedumbre hasta seis toros, no faltando los valientes que intentan montarlos.

En el Estado de Michoacán los indígenas celebran el fin de Año católico, asistiendo a misas y celebrando con una cena en familia, y cantando pirekuas.

Además, los purépecha, que guardan celosamente sus tradiciones ancestrales, celebran también el fin de año del 31 de enero al 2 de febrero, donde se realiza el ritual del Fuego Sagrado; que se enciende en honor de su deidad principal Kurikaueri.

Es una celebración de unión para todos los descendientes de Purépecha, para reconstruir la Ireta (el pueblo) tomando en cuenta las raíces de sus antepasados.

En dicha ceremonia invocan a sus dioses para que los guíen y les ayuden a encontrar la sabiduría antigua para la unión y reconstrucción del pueblo, ante los ojos de los turhixi (hombres blancos).

Se entregan los símbolos que representan a su cultura, la bandera de los purépecha, la piedra sagrada y el bastón de mando. Esta celebración se lleva a cabo en la isla de Jarácuaro, una de las nueve islas del lago de Pátzcuaro.

Los otomí-chichimecas o autonombrados hñañhu (asentados en la zona semidesértica de Querétaro e Hidalgo), al concluir un año se dirigen en peregrinación a la cima de esos cerros sagrados, cargando cruces para pedir el agua, la protección divina, venerar a sus antepasados y refrendar sus lazos de identidad y pertenencia.

Los hñañhu tienen un ciclo anual de fiestas que se articula alrededor del agua como elemento fundamental de la vida y la sobrevivencia.

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En el norte de México (en la Sierra Madre Occidental, que atraviesa el estado de Chihuahua y el suroeste de Durango y Sonora), los rarámuri, que significa corredores a pie, celebran algunas fiestas del calendario católico.

El calendario festivo está estrechamente relacionado con el ciclo agrícola, y llevan a cabo las danzas de Matachines y Yúmari. En la Semana Santa se baila Fariseos y Pascola, y se ofrece tesguino y comida a Onóruame, que se comparte con los asistentes a la celebración.” (Fuente: INFORMADOR.MX “La celebración de Año nuevo se mezcla con tradiciones ancestrales”)

Así, observamos como muchas de estas “celebraciones” son en realidad ritos indígenas que continúan evocando las fuerzas de la naturaleza y sus ciclos o temporadas de lluvia, de cosecha, etc.

 

Redacción Yaoehecatl KM

 

 

 

Post Author: Apromeci

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