Indígenas entre el lujo.

Una familia indígena en Bolivia lleva en sus manos el comercio informal y gracias a esto y a su trabajo han logrado construir un gran imperio.

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La familia es  dirigida por Alejandro Chino Quispe, empresario y modisto quien cuenta su  historia, a los incredulos que no entienden como un grupo de indígenas aimaras ha sido capaz de amasar en pocos años fortunas tan grandes como para construir magníficos palacios, como el “Principe Alexánder”, que dejan a cualquier visitante sin palabras.

“Soy originario de Achacachi, en la provincia de Omasuyos, en el departamento de La Paz. Empecé como ayudante de sastre a los 14 años y siempre he trabajado junto a mi familia, hasta llegar a ser uno de los modistos más exitosos del país. Visto a funcionarios, embajadores, militares, folcloristas y viajo a menudo a eventos internacionales para representar a Bolivia”, precisa el sastre. Y explica cómo fue la construcción del Príncipe Alexánder.

Desde la terraza del edificio se ve una alfombra de casas de ladrillo color tierra, en la que sobresalen arco iris de edificios con espejos en las ventanas. Esos son los tesoros que esconde la ciudad y que la están convirtiendo en un atractivo turístico de La Paz.

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El Alto es una ciudad relativamente nueva. Se edificó hace tres décadas alrededor del aeropuerto internacional que tiene el mismo nombre, por ser la terminal aérea más alta del mundo (ubicada a 4.008 m.s.n.m.), y que presta sus servicios a la capital boliviana, pues se encuentra a solo 14 kilómetros de La Paz.

El dueño es un hombre sencillo que en poco tiempo ha logrado superar con su fama no solo las fronteras bolivianas, viajando a Argentina, Chile y Las Vegas para hablar sobre su estilo arquitectónico, ecléctico y sorprendente, sino tal vez las de su propia imaginación.

El Príncipe Alexánder, entre las avenidas Bolivia y Cochabamba, tiene dos salones de fiesta, siete pisos y una cancha de fútbol cubierta en la quinta planta. El edificio, que costó aproximadamente dos millones de dólares.

Ahora en Bolivia los indígenas no son discriminados, si no todo lo contrario son vistos como la nueva sociedad: “Muchos lugares, como las instituciones públicas, están ocupados por aimaras, que tienen una especie de prioridad, ya que están más cerca del presidente y de los hombres de su partido”. Cuando estábamos luchando por una sociedad más justa y democrática era esto lo que queríamos, ahora no podemos volver atrás”, dice.

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Nota: Eltiempo

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